La Secretaría de Cultura del Gobierno de México dio a conocer a las y los ganadores del Premio Nacional de Artes y Literatura 2025, el máximo reconocimiento que otorga el Estado mexicano a quienes, a través de su obra, han contribuido de manera decisiva a la preservación, el desarrollo y la proyección del patrimonio cultural del país. En esta edición, el galardón distingue a José Agustín Monsreal Interián, Irma Palacios Flores, Mario Humberto Ruz Sosa y Catalina Yolanda López Márquez, cuyas trayectorias reflejan la diversidad, profundidad y vitalidad de la vida cultural mexicana.
En el Campo I. Lingüística y Literatura, el premio fue otorgado al escritor yucateco José Agustín Monsreal Interián, por más de cinco décadas de trabajo constante y minucioso en el cultivo de la lengua y la narrativa. El jurado destacó la trascendencia de su obra en la formación humana y literaria de varias generaciones de lectores y escritores, así como la importancia de visibilizar un trabajo sólido que ha enriquecido de manera sostenida la literatura mexicana contemporánea. Nacido en Mérida, Monsreal ha construido una obra marcada por la observación aguda de lo cotidiano, una sensibilidad poética inconfundible y una capacidad lúdica que encuentra en la brevedad narrativa un territorio fértil. Además de su producción literaria, su papel como promotor de la lectura y formador de nuevas generaciones lo ha convertido en una figura clave del desarrollo cultural del sureste mexicano. Su trayectoria ha sido reconocida previamente con distinciones como el Premio Nacional de Cuento de San Luis Potosí, el Premio Antonio Mediz Bolio en dos ocasiones, así como la Medalla Yucatán y la Medalla “Héctor Victoria Aguilar”.

El Campo II. Bellas Artes reconoció la obra de Irma Palacios Flores, artista originaria de Iguala, Guerrero, cuya trayectoria de más de 60 años ha dejado una huella profunda en el arte contemporáneo nacional. El jurado subrayó la coherencia, rigor y depuración técnica de una obra que ha sabido transmitir una mirada poética y conmovedora, comprometida con la exploración material y la abstracción lírica. Palacios ha sostenido a lo largo de décadas un compromiso ético y estético que le ha permitido mantener viva la experimentación sin renunciar a la profundidad conceptual. Su trabajo ha contribuido de manera decisiva a expandir las posibilidades del lenguaje pictórico en México, consolidando una voz firme y sensible. Entre los reconocimientos que avalan su trayectoria se encuentran el Primer Lugar de la Primera Bienal de Pintura Rufino Tamayo, el Premio de Adquisición del Salón Nacional de Artes Plásticas, la Beca Guggenheim y la Medalla Bellas Artes.

En el Campo III. Historia, Ciencias Sociales y Filosofía, el galardón fue concedido a Mario Humberto Ruz Sosa, investigador originario de Hunucmá, Yucatán, cuya obra interdisciplinaria ha sido fundamental para el estudio del sureste de México y la cultura maya. El jurado destacó su notable productividad académica a nivel nacional e internacional, así como su compromiso con la docencia, la formación de recursos humanos y la creación y dirección de instituciones académicas y culturales. Ruz ha desarrollado una metodología innovadora para el análisis de fuentes primarias, particularmente a partir del estudio de materiales consignados en lenguas mayas como el tzeltal, lo que le permitió proponer una forma de etnología histórica para reconstruir paisajes naturales y culturales de pueblos poco documentados en las crónicas. Su trabajo ha ampliado el conocimiento sobre la vivienda, el atavío, las prácticas productivas, la música y las danzas de diversos grupos mayas, y su enfoque ha sido retomado por generaciones de investigadores.

El Campo IV. Artes y Tradiciones Populares distinguió a Catalina Yolanda López Márquez, originaria de Oaxaca de Juárez, por su labor en el rescate, conservación y difusión de las tradiciones populares de Oaxaca, con énfasis en la preservación de la grana cochinilla como patrimonio biocultural. Desde muy joven, López encontró en el mundo natural, particularmente en los insectos, un campo de conocimiento y creación que definió su vocación. A los 19 años coordinó el Centro de Desarrollo e Investigación de la Cochinilla en Ejutla, iniciando una vida dedicada al estudio y transmisión de este saber prehispánico. Su trabajo integró el conocimiento empírico, la observación científica y la pedagogía comunitaria, capacitando a cientos de campesinos y artesanos en los Valles Centrales de Oaxaca. En 1983 creó la nopaloteca, un espacio pionero para la conservación genética de la grana cochinilla y la enseñanza intergeneracional, y más tarde cofundó el Museo Vivo de la Grana Cochinilla, referente nacional e internacional en la difusión de este arte ancestral. Su trayectoria ha sido reconocida con premios como el Nacional a las Mujeres Mexicanas Inventoras e Innovadoras y el nombramiento como Tesoro Humano Vivo.

El jurado del Premio Nacional de Artes y Literatura 2025 estuvo integrado por especialistas de reconocido prestigio en cada uno de los campos, provenientes de distintas disciplinas y regiones del país, lo que garantizó un proceso de deliberación plural y riguroso. Con esta distinción, el Estado mexicano refrenda su compromiso con el reconocimiento a las y los creadores, investigadores y portadores de tradición que, desde distintos frentes, han contribuido a preservar la memoria cultural, enriquecer el pensamiento crítico y proyectar la diversidad cultural de México en el ámbito global.