El Gobierno de México decretó la utilidad pública de un terreno privado ubicado dentro de la Zona de Monumentos Arqueológicos de Toniná, en el municipio de Ocosingo, Chiapas, con el objetivo de garantizar el libre tránsito de visitantes y fortalecer la conservación integral del sitio. La disposición fue publicada el jueves 18 de diciembre de 2025 en el Diario Oficial de la Federación, por instrucción de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo y de la secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza.
El decreto establece la recuperación de más de nueve hectáreas que se encontraban en manos privadas dentro de la poligonal oficialmente protegida de la zona arqueológica, una situación que durante años limitó el acceso y la adecuada gestión del lugar. La medida responde a una solicitud formal del Instituto Nacional de Antropología e Historia, realizada en el marco de sus atribuciones legales, con el fin de que se llevaran a cabo las gestiones necesarias para la adquisición de dicha superficie y su reincorporación al patrimonio público.
Con esta acción, el Estado mexicano busca crear condiciones jurídicas y técnicas que permitan impulsar la investigación científica, la conservación, la protección legal y la divulgación de Toniná, uno de los asentamientos precolombinos más sobresalientes del país. Conocida en la antigüedad como Po o Popo, denominación acreditada a partir de las manifestaciones jeroglíficas encontradas en el sitio, Toniná representa un referente fundamental para comprender la complejidad política, religiosa y militar del mundo maya del periodo Clásico.
Se restituye al pueblo de Toniná la zona arqueológica, por decreto de la presidenta @Claudiashein. El sitio es reconocido como bien cultural de interés nacional y se devuelve su titularidad al pueblo de Chiapas, para su protección, conservación y acceso como parte del patrimonio… pic.twitter.com/Gh1cLQ6CKA
— Claudia Curiel de Icaza (@ccurieldeicaza) December 19, 2025
La secretaria de Cultura, Claudia Curiel de Icaza, subrayó el carácter simbólico y social de la decisión al señalar que la recuperación del predio constituye un acto de justicia histórica y de reconocimiento de la memoria y la identidad colectiva, al devolver la titularidad de este espacio al pueblo de Chiapas. En ese sentido, el decreto no sólo tiene implicaciones administrativas, sino que reafirma la función social del patrimonio cultural como un bien común.
Toniná es reconocido como uno de los centros ceremoniales mayas más importantes de Mesoamérica, distinguido por su arquitectura monumental de desarrollo vertical, su traza urbana singular y la extraordinaria riqueza de su registro escultórico y simbólico. Su periodo de mayor esplendor se ubicó entre los siglos VII y IX, aunque existen registros escritos que confirman su existencia desde finales del siglo VI, específicamente desde el año 593, fecha correspondiente a la primera inscripción calendárica identificada en la zona.
Toniná, ubicada en el valle de Ocosingo #Chiapas, destaca como uno de los complejos arquitectónicos más imponentes y enigmáticos del periodo Clásico Maya. Conocida en la antigüedad por el glifo-emblema Po, cuyos gobernantes portaban el título de k’uhul po’ ajaw, la ciudad alcanzó… pic.twitter.com/DXVzmyUcGo
— Tlatoani_Cuauhtemoc (@Cuauhtemoc_1521) November 14, 2025
La relevancia del decreto cobra mayor dimensión si se considera que la zona arqueológica permanece cerrada al público desde septiembre de 2023. La recuperación del terreno y la regularización del acceso sientan las bases para una próxima reapertura, con efectos positivos para las comunidades aledañas, que dependen en buena medida del turismo cultural. Las autoridades han señalado que este proceso deberá enmarcarse en un modelo de aprovechamiento socialmente responsable del patrimonio, mediante proyectos de turismo sostenible que equilibren la conservación del sitio con el desarrollo local.
Otro de los objetivos centrales de la medida es garantizar que las comunidades originarias vecinas puedan continuar realizando ceremonias y rituales tradicionales en Toniná, prácticas que forman parte de sus cosmovisiones y que mantienen un vínculo vivo con sus ancestros y ancestras. De manera especial, el sitio ha sido históricamente un espacio al que se acude para realizar peticiones relacionadas con los ciclos de lluvias y cosechas, lo que refuerza su valor no sólo arqueológico, sino también espiritual y comunitario.