Houston, 12 de junio de 2026. No fue una llegada más. La delegación de la selección de fútbol de la República Democrática del Congo descendió del avión procedente de París en el Aeropuerto Intercontinental George Bush y, con paso firme, se presentó ante las cámaras y los aficionados que los esperaban. Vestidos con elegantes trajes negros adornados con paneles de estampado de leopardo, complementados con accesorios y maletas a juego, los jugadores encarnaron desde el primer minuto el espíritu de los “Leopardos”, el apodo que los identifica y que remite a un símbolo de fuerza, liderazgo y orgullo nacional en la cultura congoleña.
La imagen, que rápidamente se viralizó en redes sociales, recordó a muchos la llegada majestuosa de un equipo que no solo regresa al escenario más importante del fútbol mundial, sino que lo hace con una identidad clara y sin complejos. “Pura aura”, resumieron usuarios en plataformas como X, mientras que otros destacaron el contraste con las habituales llegadas deportivas en chándal. Los atuendos, inspirados en tradiciones kongolesas asociadas a reyes y jefes, fueron diseñados para celebrar tanto la herencia cultural como el apodo histórico del equipo.

Se trata de un hito histórico. La última —y única— participación de la entonces selección de Zaire en un Mundial fue en Alemania 1974. Más de medio siglo después, los Leopardos regresan tras clasificar el 31 de marzo de 2026 con una victoria 1-0 ante Jamaica en el repechaje intercontinental. El técnico francés Sébastien Desabre, al mando del equipo, expresó la emoción del momento: “Hace mucho que la gente no ha visto a este país en el Mundial. Es ya un honor habernos clasificado. Ahora nos toca dar una buena imagen en el torneo”.

Sin embargo, el camino hasta Houston no fue sencillo. Un brote de ébola en la República Democrática del Congo, declarado emergencia de salud pública de importancia internacional por la OMS, obligó a las autoridades estadounidenses a imponer medidas estrictas. La delegación cumplió 21 días de aislamiento en una “burbuja sanitaria” en Bélgica antes de viajar. Una vez en suelo norteamericano, el lateral Aaron Wan-Bissaka confirmó que todo transcurrió sin inconvenientes: “Todo el mundo pasó, a nadie se le ha negado la entrada”.
El plantel, que combina talento local con figuras de primer nivel europeo, cuenta con jugadores como Aaron Wan-Bissaka (West Ham), Chancel Mbemba (Lille), Yoane Wissa (Newcastle), Cédric Bakambu y Axel Tuanzebe, entre otros. Esta mezcla de experiencia en ligas top le da al equipo herramientas para competir en el Grupo K, donde enfrentará a Portugal (17 de junio en el NRG Stadium de Houston), Colombia (23 de junio en Guadalajara) y Uzbekistán (27 de junio en Atlanta).
Tras aterrizar, la agenda en Houston comenzó de inmediato. El primer día incluyó controles médicos, descanso, almuerzo y el primer entrenamiento en territorio estadounidense. La ciudad texana será su base durante la fase de grupos, y la comunidad congoleña local los recibió con entusiasmo en su hotel. Desabre destacó la capacidad de adaptación del grupo pese a las dificultades: “Nos tuvimos que adaptar a la situación. Hemos trabajado bien y aquí estamos”.
Más allá del resultado deportivo, la llegada de los Leopardos ya dejó una marca. En un Mundial que busca celebrar la diversidad, el equipo africano recordó que el fútbol también es cultura, identidad y espectáculo. Con sus trajes imponentes y su historia de resiliencia, los congoleños no solo llegaron a Houston: llegaron con presencia. Ahora, el balón dirá si esta aura se traduce en una actuación memorable dentro del campo.