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El Día Internacional del Chocolate celebra hoy una delicia milenaria que conquistó el mundo

Cada 13 de septiembre el planeta se detiene un instante para rendir homenaje al chocolate. La fecha coincide con el nacimiento de Milton Hershey y de Roald Dahl, dos figuras que, desde la industria y la literatura, ayudaron a convertir este alimento de origen mesoamericano en un icono global. Más allá de la indulgencia, la jornada invita a recordar su historia profunda, su impacto económico y los matices de sus posibles beneficios.
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Hoy, 13 de septiembre, se celebra el Día Internacional del Chocolate. No se trata de una efeméride oficial de Naciones Unidas ni de un día conmemorativo estatal en la mayoría de los países, pero sí de una fecha consolidada en calendarios gastronómicos, redes sociales y agendas de la industria confitera. La elección no es arbitraria: coincide con el cumpleaños de Milton Snavely Hershey, nacido el 13 de septiembre de 1857 en Derry Township, Pensilvania, y también con el de Roald Dahl, el escritor británico nacido el mismo día de 1916, autor de Charlie y la fábrica de chocolate.

La vinculación con Hershey es especialmente fuerte en Estados Unidos. La National Confectioners Association incluye el 13 de septiembre en su calendario de observaciones relacionadas con el chocolate precisamente por el papel que el empresario jugó en popularizar el chocolate con leche a precios accesibles. Hershey, tras triunfar con su compañía de caramelos, vendió ese negocio en 1900 y se dedicó por completo al chocolate. En 1894 había creado la Hershey Chocolate Company como subsidiaria; en 1900 lanzó las primeras barras de chocolate con leche Hershey’s y, en 1905, inauguró la gran fábrica en lo que luego se convertiría en la ciudad de Hershey. Su apuesta por la producción a gran escala transformó un producto de lujo en un consumo cotidiano para millones de personas.

En paralelo, en Francia se comenzó a festejar esta fecha hacia 1995, también en referencia al nacimiento de Dahl. El autor, que en su infancia había probado barras de Cadbury enviadas a su colegio, convirtió la magia de una fábrica de chocolate en una de las novelas infantiles más leídas del siglo XX. Esa doble coincidencia —industria y literatura— ayudó a que la fecha se consolidara en distintos países.

Es importante no confundirla con el Día Mundial del Chocolate, que se observa el 7 de julio. Esa otra jornada suele asociarse a la llegada del cacao a Europa en el siglo XVI (algunas fuentes apuntan a 1550) y, desde 2010, también al Día Mundial del Cacao impulsado por organizaciones del sector. Ambas fechas coexisten sin problema: una mira más hacia la industria moderna y la cultura popular, la otra hacia el origen del fruto y su viaje transatlántico.

El chocolate que hoy se celebra tiene raíces mucho más antiguas. Las evidencias arqueológicas más tempranas de uso de cacao se remontan a la cultura Mayo-Chinchipe, en la alta Amazonía de Ecuador, hace unos 5.300 años. Más tarde, las civilizaciones mesoamericanas —olmecas, mayas y aztecas— lo convirtieron en elemento central de su vida ritual, económica y cotidiana. Los granos de Theobroma cacao (literalmente “alimento de los dioses”) se tostaban, molían y mezclaban con agua, chile, vainilla u otras especias para preparar una bebida espesa y amarga llamada xocoatl. Los aztecas lo usaban también como moneda: con un centenar de granos se podía comprar una gallina de pavo. Moctezuma II, según crónicas de la época, consumía grandes cantidades de esta bebida.

Los españoles llevaron el cacao a Europa en el siglo XVI. Hernán Cortés y otros viajeros lo introdujeron en la península; allí se le añadió azúcar y se transformó en una bebida de élite. Durante siglos permaneció como un producto líquido y costoso. El salto hacia el chocolate sólido llegó en el siglo XIX. En 1828, el químico neerlandés Coenraad Johannes van Houten desarrolló una prensa que separaba la manteca de cacao del cacao en polvo, lo que facilitó su manipulación. En 1847, la firma británica J.S. Fry & Sons elaboró la primera barra de chocolate comestible mezclando polvo de cacao, manteca de cacao y azúcar. Décadas después, en Suiza, Daniel Peter incorporó leche condensada —gracias a los avances de Henri Nestlé— y creó el chocolate con leche en 1875.

Hoy la producción de cacao se concentra mayoritariamente en África Occidental. Según datos de la FAO correspondientes a 2024, Costa de Marfil lidera con cerca de 1,89 millones de toneladas, seguida de Indonesia, Ghana, Ecuador y Nigeria. Esta geografía explica tanto la riqueza de sabores de origen como los desafíos sociales y ambientales que enfrenta la cadena de suministro: dependencia de pequeños productores, presión climática y la necesidad de prácticas más sostenibles.

En el plano de la salud, la ciencia aporta matices. El chocolate oscuro con alto contenido de cacao es rico en flavanoles, compuestos que en estudios observacionales y algunos ensayos se han asociado con mejoras modestas en la función endotelial, presión arterial y marcadores de riesgo cardiovascular. Una revisión paraguas de 2019 señaló evidencia débil pero favorable respecto a menor riesgo de enfermedad cardiovascular, infarto y diabetes en consumidores habituales. Ensayos más recientes con extractos de cacao o chocolate rico en flavanoles han mostrado efectos positivos en algunos marcadores, aunque no siempre en eventos clínicos mayores. El consenso actual es claro: los posibles beneficios se asocian al cacao puro o al chocolate con alto porcentaje de cacao y bajo contenido de azúcar añadido; el consumo excesivo de productos ultraprocesados ricos en azúcar y grasas saturadas no aporta las mismas ventajas y puede contribuir al aumento de peso.

Más allá de los números y los estudios, el chocolate sigue siendo un lenguaje cultural. Aparece en rituales de regalo, en celebraciones familiares, en la literatura y en la memoria afectiva de generaciones. Desde las ofrendas mayas hasta las barras que Milton Hershey vendió a cinco centavos, desde la fábrica imaginaria de Willy Wonka hasta los chocolates de origen que hoy protagonizan ferias gourmet, el recorrido es el de un alimento que atraviesa continentes, clases sociales y épocas.

Este 13 de septiembre, mientras millones de personas disfrutan de una tableta, un bombón o una taza de chocolate caliente, la fecha ofrece una oportunidad para mirar más allá del placer inmediato. Invita a valorar el trabajo de quienes cultivan el cacao, a elegir productos con mayor transparencia y a recordar que detrás de cada bocado hay siglos de historia, innovación y un vínculo persistente entre el ser humano y uno de los frutos más apreciados del planeta.

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