La remodelación del Estadio Banorte no solo fue arquitectónica; pretendía ser una revolución tecnológica que terminó en un fiasco operativo. La implementación de la plataforma Fanki como boletera exclusiva y gestora de accesos fue el primer gran obstáculo de la noche. Desde la preventa en diciembre de 2025, el sistema ya advertía fragilidad con cargos duplicados y caídas constantes, pero lo ocurrido este sábado fue el colapso total: la aplicación dejó de funcionar un par de horas antes del partido México vs. Portugal, impidiendo que miles de usuarios pudieran desplegar sus códigos QR para ingresar.
Aunado a esto, el sistema de WIFI del Estadio Banorte falló durante la reinauguración este 28 de marzo. A pesar de que el inmueble fue equipado con más de 1,200 antenas y tecnología de “primer mundo” para garantizar conectividad, la red colapsó ante la alta demanda del partido México vs. Portugal, La concentración masiva de personas superó la capacidad de las repetidoras instaladas, afectando tanto al internet inalámbrico como a la señal de datos móviles de diversas compañías. La falta de internet estable impidió que los lectores de códigos QR de la aplicación Fanki funcionaran correctamente, lo que también detuvo el flujo en los torniquetes.
Esta falla tecnológica se tradujo en un cuello de botella físico insostenible. La falta de agilidad en los torniquetes, sumada al desconocimiento del staff sobre la nueva configuración de las zonas, convirtió la rampa que conecta el Tren Ligero con la explanada en una trampa humana. Mientras los precios de las entradas alcanzaron cifras —oscilando entre los $1,500 en zonas altas hasta los $9,000 pesos en áreas Premium—, el servicio recibido no correspondió a la inversión. Aficionados que pagaron boletos de $3,800 pesos reportaron haber tardado más de una hora solo en cruzar el primer filtro de seguridad, llegando a sus asientos cuando el encuentro ya estaba avanzado.
La frustración escaló cuando, la logística de “Última Milla” obligó a muchos a caminar más de un kilómetro bajo una señalización deficiente y rutas de acceso confusas. En su intento por modernizarse para el Mundial 2026, el Estadio Banorte olvidó lo básico: que la tecnología debe facilitar la experiencia, no secuestrarla. El resultado fue un estadio con parches de asientos vacíos en el arranque y una afición que, tras pagar altos precios para un amistoso, se sintió maltratada por una organización que se vio rebasada por su propia infraestructura digital.
Ante el incumplimiento y el desorden logístico, la Profeco mantiene bajo la mira a la empresa para gestionar las quejas de los usuarios afectados por el mal servicio y la falta de respuesta técnica en el sitio.