En octubre de 2011, Luis de la Fuente Castillo, un riojano de Haro nacido en 1961, vivía uno de los momentos más bajos de su carrera. Acababa de ser destituido como entrenador del Deportivo Alavés en Segunda División B. El equipo ocupaba la octava posición del grupo II y el proyecto no había cuajado. No era la primera vez que luchaba en categorías modestas: había pasado por el Portugalete en Regional, el Aurrerá de Vitoria y dos etapas al frente del Bilbao Athletic, también en la tercera categoría del fútbol español. Parecía el final de un sueño para un exlateral izquierdo que había brillado con el Athletic de Bilbao, donde conquistó dos Ligas y una Copa del Rey en los años 80.
Sin embargo, aquel revés fue el punto de inflexión. Tras año y medio sin equipo, De la Fuente recaló en 2013 en las categorías inferiores de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF). Empezó con la Sub-19 y, lejos de los focos, comenzó a sembrar lo que hoy es una generación dorada. En 2015 levantó la Eurocopa Sub-19; en 2019, la Sub-21; y en 2021, una plata olímpica en Tokio. Jugadores como Unai Simón, Rodri, Mikel Merino, Fabián Ruiz o Dani Olmo ya formaban parte de su universo mucho antes de brillar en la absoluta.
🙌🏼🏆 LOS SUEÑOS SE CUMPLEN.#VamosEspaña | #CopaMundialFIFA pic.twitter.com/yBbtjvKmg2
— Selección Española Masculina de Fútbol (@SEFutbol) July 19, 2026
El 8 de diciembre de 2022, tras la salida de Luis Enrique, la RFEF apostó por él para el primer equipo. Muchos lo recibieron con escepticismo. “Luis de la Who?”, titularon algunos medios. Pero De la Fuente traía algo diferente: una mezcla de exigencia táctica, valores humanos y conocimiento profundo del jugador español. Su primer gran éxito llegó pronto: la Nations League 2023 ante Croacia. Luego, en julio de 2024, la Eurocopa en Berlín, venciendo a Inglaterra en la final. España volvía a ser campeona de Europa 12 años después.
El Mundial 2026 fue la prueba definitiva. España llegó como favorita pero con la presión de confirmar su dominio. Tras un debut complicado ante Cabo Verde (0-0), La Roja creció: goleó a Arabia Saudita, venció a Uruguay con gol de Álex Baena y avanzó como líder de grupo. En eliminatorias mostró carácter: triunfos ante Austria, Portugal y Bélgica, y una épica semifinal ante Francia. La final, enfrentó a España contra Argentina. Un gol de Ferran Torres en el minuto 106 de la prórroga selló el 1-0 y el título. De la Fuente, en su partido número 50 al frente de la absoluta, completaba una racha histórica: más de 35 partidos invictos en oficiales y un porcentaje de victorias cercano al 76%.
“El fútbol es un deporte de equipo hecho por buenas personas”, repite a menudo. Esa frase resume su filosofía: prioriza la generosidad, el sacrificio colectivo y la familia dentro del vestuario. Muchos de sus jugadores lo conocían desde niños; la confianza era absoluta. Ese vínculo, forjado en las inferiores, resultó decisivo en los momentos de presión.
De la Fuente nunca buscó los flashes. Su trayectoria habla por sí sola: del frío de Segunda B a levantar la Copa del Mundo. Un ejemplo de perseverancia en un mundo que suele premiar el ruido inmediato. Hoy, con 65 años, es el primer técnico español en ganar títulos europeos en Sub-19, Sub-21 y absoluta, y uno de los grandes artífices del regreso de España a la élite mundial. Su historia demuestra que los grandes proyectos no siempre nacen con titulares rimbombantes, sino con trabajo paciente y fe en un estilo propio.
La Selección Española de Fútbol ya aterrizó en Barajas, Madrid y Rodri mostró la Copa del Mundo
— Schwartzmann Salvador (@S_Schwartzmann) July 20, 2026
Posaron en la puerta de la aeronave, con el entrenador Luis de la Fuente y el presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Rafael Louzán pic.twitter.com/ka7ynPuGIh
En Haro y en toda La Rioja ya lo llaman “el Duque”. Para el fútbol español, simplemente, es el hombre que cerró el círculo.