La cuenta regresiva para el Mundial de la FIFA 2026 avanza y con ella surgen los primeros ajustes importantes en las sedes mexicanas. Una de las decisiones más comentadas en los últimos días es la instrucción de retirar la figura gigante de un ajolote que había sido colocada en la explanada del Estadio Ciudad de México como parte de la identidad visual promovida por el gobierno capitalino.

De acuerdo con información verificada, esta medida responde a las estrictas reglas de protección de marcas que rigen el evento. La FIFA mantiene un control riguroso sobre su imagen comercial y solo autoriza el uso de elementos oficialmente registrados. En este caso, el ajolote forma parte de la campaña de “ajolotización” de la Ciudad de México, un esfuerzo por vincular la biodiversidad local —específicamente el emblemático anfibio de Xochimilco— con el espíritu de renovación y resistencia que se quiere proyectar de la capital hacia el mundo. Sin embargo, no cuenta con el registro ni la acreditación necesaria para aparecer en las zonas controladas por la FIFA alrededor de los estadios.

El IMPI ha sido claro al respecto. Su directora divisional de Protección a la Propiedad Intelectual, Carolina Pérez Luna, explicó en diversas declaraciones que la FIFA tiene registradas 357 marcas relacionadas con el torneo desde 2024. Entre ellas destacan las tres mascotas oficiales del Mundial: Maple, el alce que representa a Canadá; Zayu, el jaguar mexicano; y Clutch, el personaje que representa a Estados Unidos. Cualquier otro símbolo que pueda generar confusión o asociación indebida con la Copa del Mundo queda fuera de las áreas oficiales del evento.

Sin embaro; La instalación del ajolote gigante frente al Estadio Ciudad de México, su posterior retiro y el reemplazo por elementos de Zayu implican costos extras en fabricación, logística, mano de obra y desmontaje. Aunque el monto exacto no ha sido revelado, este tipo de figuras monumentales suelen representar inversiones de varios millones de pesos, dinero que sale de las arcas públicas de la Ciudad de México.
A esto se suma que parte de la campaña de “ajolotización” (colores morados, decoración urbana y otros elementos) ahora requiere ajustes en las zonas controladas por la FIFA, lo que genera un gasto innecesario de recursos que podrían haberse destinado a otras necesidades.
Este escenario era previsible, desde mediados de mayo, el propio IMPI advirtió de manera clara que el ajolote es un símbolo local de la CDMX, pero no forma parte de las mascotas oficiales del Mundial 2026. Las reglas de propiedad intelectual de la FIFA son públicas y extremadamente estrictas, y los gobiernos sede firman convenios detallados sobre estos temas con años de anticipación. Instalar un elemento que podía generar confusión cerca del estadio principal refleja una falta de coordinación temprana entre la imagen que se quería proyectar y las obligaciones internacionales ya conocidas. Al final, serán los contribuyentes capitalinos quienes terminen asumiendo el costo de esta corrección de último momento.
Este episodio deja en evidencia una grave falta de visión y planeación por parte de la Jefa de Gobierno, Clara Brugada. Instalar una figura de este tamaño y promover una campaña tan visible como la “ajolotización” sin haber alineado previamente los elementos con las reglas estrictas de la FIFA y el IMPI no solo representa un desperdicio de recursos públicos, sino también una muestra de improvisación que termina costando caro a los capitalinos.
En lugar de priorizar una coordinación eficiente con las autoridades del Mundial desde el principio, se optó por imponer una identidad personal y partidista que ahora debe ser corregida de emergencia. Este tipo de errores, evitables con una mínima anticipación, erosionan la confianza en la capacidad de gestión del gobierno de la Ciudad de México y demuestran que, más allá de los símbolos bonitos, hace falta seriedad y profesionalismo para manejar eventos de esta magnitud.