A finales de 2026 se publicará una nueva edición del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes (PISA, por sus siglas en inglés), la prueba de referencia global impulsada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos que mide las competencias de jóvenes en matemáticas, lectura y ciencias. La expectativa llega en un contexto particularmente adverso para México, cuyos resultados más recientes lo ubican entre los sistemas educativos con menor desempeño dentro del organismo internacional.
Los datos de la edición más reciente, correspondiente a 2022, evidencian un rezago estructural. México se posicionó como el tercer país con peores resultados en matemáticas y comprensión lectora entre los miembros de la OCDE, además de ocupar el último lugar en ciencias, una combinación que refleja debilidades persistentes en habilidades fundamentales para el desarrollo académico y productivo.

El desempeño general del país no solo se encuentra por debajo del promedio internacional, sino que confirma una tendencia de estancamiento e incluso retroceso. En matemáticas, los estudiantes mexicanos obtuvieron alrededor de 395 puntos, mientras que en lectura alcanzaron 415 y en ciencias cerca de 410, cifras considerablemente inferiores a los promedios de la OCDE, que se sitúan por encima de los 470 puntos en las tres áreas. Estas brechas reflejan una diferencia equivalente a varios años de escolaridad respecto a los sistemas educativos más avanzados.
Más allá de los puntajes, los indicadores de desempeño mínimo son igualmente preocupantes. Apenas el 53% de los estudiantes en México alcanza el nivel básico en lectura, frente a un promedio del 74% en la OCDE, mientras que en ciencias solo el 49% logra ese umbral mínimo de competencia. En matemáticas, la situación es aún más crítica: únicamente alrededor de un tercio de los alumnos consigue el nivel básico, lo que implica que la mayoría carece de habilidades esenciales para resolver problemas cotidianos o continuar estudios de mayor complejidad.

El análisis de largo plazo confirma que no se trata de un fenómeno coyuntural. Los resultados de 2022 muestran retrocesos respecto a la evaluación de 2018 en las tres áreas evaluadas, con caídas en matemáticas, lectura y ciencias que consolidan una década de avances limitados. Además, el porcentaje de estudiantes en los niveles más bajos de desempeño ha crecido de manera sostenida en los últimos años, lo que profundiza la desigualdad educativa y limita las oportunidades de movilidad social.
A nivel internacional, México se ubicó en la posición 51 de 81 países evaluados, en un contexto global marcado también por una caída generalizada en los aprendizajes tras la pandemia de COVID-19. Sin embargo, especialistas coinciden en que el caso mexicano presenta rezagos estructurales previos que se vieron agravados por la crisis sanitaria y por problemas históricos del sistema educativo.


La próxima publicación de PISA en 2026 será clave para evaluar si las políticas educativas implementadas en los últimos años logran revertir esta tendencia o si el país permanece en los niveles más bajos de desempeño. El reto no es menor: los resultados no solo reflejan el estado de las aulas, sino que anticipan el potencial económico, científico y social de una generación entera.