La política mexicana se ha cruzado con la cultura global de formas insospechadas, y esta semana ese cruce llegó a su máxima expresión cuando la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, elevó una petición de carácter inusual al ámbito diplomático: pidió formalmente al primer ministro de Corea del Sur, Kim Min-seok, que la banda de K-pop, BTS, amplíe sus presentaciones programadas en México durante mayo de 2026. La gestación de esta solicitud y sus implicaciones políticas y sociales apuntan a un fenómeno que va más allá de la música y explora la relación entre el Estado, la movilización juvenil y la cultura globalizada.
Durante la habitual conferencia matutina presidida este 26 de enero en Palacio Nacional, Sheinbaum detalló que tomó la decisión de enviar una carta diplomática a las autoridades de Corea luego de que la preventa de boletos para los conciertos anunciados por la agrupación surcoreana se agotara en tiempo récord, dejando a miles de jóvenes sin acceso. En el Estadio GNP Seguros, en la Ciudad de México, BTS tenía agendadas tres fechas —7, 9 y 10 de mayo— con un total aproximado de 150 mil entradas, cifra que palidece frente al interés masivo de la afición mexicana: cerca de un millón de jóvenes intentaron comprar tickets, según estimaciones citadas por la presidenta.
Frente a este desbalance entre oferta y demanda, y tras haber dialogado previamente con Alejandro Soberón, director de la promotora OCESA, quien le explicó que ampliar el número de shows resultaba complicado por compromisos de la propia gira, Sheinbaum optó por escalar la gestión hacia Canales diplomáticos, con la esperanza de que las autoridades coreanas y, por ende, el propio grupo consideren regresar en más ocasiones. “Le escribí una carta al primer ministro de Corea, pidiéndole que vengan más veces; todavía no recibo la respuesta, pero esperemos que sea positiva”, declaró la presidenta.
🔴La presidenta Claudia Sheinbaum buscó aumentar el número de conciertos de BTS en México para mayo, pero los organizadores informaron que no era posible.
— Azucena Uresti (@azucenau) January 26, 2026
Ante ello, envió una carta al primer ministro de Corea para solicitar que el grupo venga más veces.pic.twitter.com/Y1H6ZSHw3m
La solicitud, más allá de la aparente ligereza de promover conciertos, tiene tras de sí una lectura más profunda en el contexto político nacional: se trata de atender —y capitalizar— una demanda juvenil que se ha expresado con fuerza, tanto en redes sociales como en movilizaciones espontáneas. Fans del grupo, organizados bajo el nombre de ARMY, no solo han lamentado quedarse sin boletos sino que también han protestado por la falta de transparencia en la venta de entradas y por los elevados precios en plataformas de reventa, lo que llevó incluso a la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) a anunciar acciones para sancionar a intermediarios como Ticketmaster por posibles irregularidades en la comercialización de boletos.
Mientras tanto, el fenómeno BTS sigue siendo un caso de estudio sobre cómo la cultura pop puede cruzar fronteras y devenir en un asunto con implicaciones que trascienden lo estrictamente artístico, tocando la política, la economía y las dinámicas intergeneracionales en una sociedad cada vez más globalizada.