Islamabad y Kabul han entrado en lo que podría convertirse en uno de los episodios más graves de violencia entre dos vecinos que comparten historia, fronteras y tensiones no resueltas. El gobierno de Pakistán declaró formalmente una “guerra abierta” contra el gobierno talibán de Afganistán tras una serie de enfrentamientos y bombardeos que escalaron en las últimas 72 horas, marcando un punto de inflexión en un conflicto latente de décadas que ahora amenaza con desbordar la región.
La declaración provino del ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Mohammad Asif, quien escribió en su cuenta de la red social X que la paciencia de Islamabad “se ha acabado” y que a partir de ese momento su país estaba en estado de guerra con las autoridades de Kabul. Esta afirmación llega después de que el gobierno paquistaní reconociera haber lanzado bombardeos en Kabul, Kandahar y otras zonas dentro de Afganistán en respuesta a lo que describió como ataques de las fuerzas talibanes contra posiciones militares paquistaníes en la frontera.

Los enfrentamientos no son un fenómeno aislado. En la madrugada del viernes, se escucharon explosiones en la capital afgana y otras provincias, mientras aviones de combate pakistaníes sobrevolaban el espacio aéreo afgano en lo que se describió como operaciones militares cuidadosamente seleccionadas contra posiciones defensivas del Talibán. Las autoridades de Islamabad dijeron que estas acciones eran una respuesta directa a ataques previos contra tropas paquistaníes en la frontera común, una afirmación que el portavoz del gobierno talibán, Zabihullah Mujahid, ha negado en parte, acusando a Pakistán de provocación.
Este choque marca una ruptura después de meses de tensiones persistentes, con combates nocturnos en varios puntos de lo que se conoce como la Línea Durand, la frontera no reconocida internacionalmente que separa a ambos países y que ha sido foco de disputas políticas y militares históricas. Islamabad acusa al gobierno talibán de permitir que militantes, especialmente del Tehreek-e-Taliban Pakistan (TTP), utilicen el territorio afgano como refugio para planear ataques dentro de Pakistán, una acusación que Kabul ha repetidamente rechazado, insistiendo en que actúa en defensa de su soberanía.
!Si hay guerra! Pero es de Pakistán vs Afganistán
— Alfredo Jalife-Rahme (@AlfredoJalife) February 27, 2026
El trasfondo de este conflicto es complejo y tiene raíces profundas. Tras la retirada de las fuerzas lideradas por Estados Unidos de Afganistán en 2021, los talibanes regresaron al poder en Kabul, reconfigurando las relaciones regionales. Pakistán, que durante años había apoyado a los talibanes y jugado un papel clave en negociaciones diplomáticas, esperaba que la nueva administración priorizara la estabilidad regional. Sin embargo, Islamabad ha expresado en repetidas ocasiones su frustración por lo que considera un fracaso de los talibanes para controlar a los grupos militantes en su territorio, lo que, según Pakistán, ha contribuido a un aumento de la violencia dentro de sus fronteras.
Los intentos de negociación no han tenido éxito. En meses recientes, esfuerzos de mediación impulsados por Qatar y Turquía para extender una frágil tregua se desvanecieron sin lograr un alto el fuego duradero, y las conversaciones que buscaban mecanismos para reducir los enfrentamientos fronterizos no alcanzaron resultados concretos. La falta de avances diplomáticos ha sido un factor determinante para que la retórica militar escalara hasta el nivel actual.
We are fighting a war.
— Afghanistan Army (@AfganArmyStan) February 23, 2026
Tonight will be Pakistan’s last night.
Pray For Afganistan pic.twitter.com/4SHY68IYRG
Las cifras de víctimas y daños son objeto de controversia, con Islamabad informando de cientos de militantes talibanes muertos y decenas de posiciones destruidas, mientras que los talibanes ofrecen cifras significativamente más bajas y reportan pérdidas del lado paquistaní. Más allá de los números, los combates han generado desplazamientos de civiles y un clima de incertidumbre que amenaza con desestabilizar aún más una región ya frágil desde el punto de vista político y humanitario.
La declaración de “guerra abierta” por parte de Pakistán abre un capítulo peligroso en un conflicto que parecía controlado dentro de parámetros fronterizos localizados. Ahora, con bombardeos que han alcanzado áreas urbanas y con las dos naciones enfrentándose directamente, los riesgos de un conflicto prolongado y con implicaciones internacionales aumentan, poniendo a prueba la frágil estabilidad del sur de Asia.