La frontera entre el poder político y los intereses corporativos volvió a difuminarse este lunes tras una serie de ataques directos del presidente Donald Trump contra Netflix, uno de los gigantes globales del entretenimiento digital. El mandatario condicionó públicamente la estabilidad regulatoria de la empresa al despido de Susan Rice, integrante de su junta directiva y exasesora de seguridad nacional durante la administración Obama, un movimiento que reaviva el debate sobre el uso del aparato estatal como herramienta de presión política.
El conflicto se detonó luego de que Rice señalara en el pódcast Stay Tuned with Preet que las compañías que hoy se alinean con la actual administración podrían enfrentar, en el futuro, una “rendición de cuentas” legal. La respuesta presidencial no se hizo esperar. Trump calificó a Rice como una “operadora política” y lanzó una advertencia directa a Netflix: si la empresa no actuaba de inmediato, “pagaría las consecuencias”. Más allá del intercambio verbal, el mensaje fue leído en los mercados como una señal de intervención explícita en asuntos corporativos.
La amenaza llega en un momento particularmente sensible para la compañía de streaming, que busca la aprobación del Department of Justice para concretar la adquisición de Warner Bros. Discovery, una operación que transformaría el mapa del entretenimiento global. La reacción fue inmediata: las acciones de ambas empresas registraron caídas de entre 2% y 2.5% durante la jornada, reflejando la preocupación de los inversionistas ante un escenario regulatorio cada vez más impredecible.
🇺🇸 | El presidente Donald Trump exigió que la empresa privada Netflix despida a Susan Rice, advirtiendo que, de no hacerlo: “pagará las consecuencias”. pic.twitter.com/FWPOwfcf8Y
— Actualidad Viral (@ActualidaViral) February 22, 2026
Analistas del sector advierten que, si Netflix decide no ceder a la presión proveniente de la Casa Blanca, el gobierno podría recurrir a una interpretación más estricta de las leyes antimonopolio para frenar la compra de Warner Bros. Discovery. Este escenario no solo retrasaría una de las operaciones más relevantes del año, sino que abriría espacio para que competidores con un perfil regulatorio menos conflictivo, como Paramount Skydance, ganen terreno en la carrera por la consolidación del sector.
El episodio no ocurre en el vacío. En los últimos años, tanto el Departamento de Justicia como la Comisión Federal de Comercio han sido señalados por aplicar criterios más agresivos en la revisión de fusiones de alto perfil, particularmente en los sectores tecnológico y mediático. En este contexto, Netflix enfrenta un escrutinio adicional, no solo por su tamaño y concentración de mercado, sino por la carga política que representa la presencia de figuras como Susan Rice en su consejo directivo. Especialistas en derecho corporativo subrayan que, aun sin una acción legal formal, las declaraciones presidenciales pueden alterar los tiempos, las condiciones y el tono de los procesos regulatorios.

Lo que está en juego trasciende a una sola empresa. El caso se inscribe en una reconfiguración acelerada de la industria del entretenimiento, marcada por consolidaciones defensivas, la caída de los ingresos publicitarios tradicionales y una audiencia cada vez más fragmentada. La politización de estas decisiones introduce un nuevo factor de riesgo: la incertidumbre institucional.
Para los inversionistas, el mensaje es claro. El riesgo político ha regresado al centro de las valuaciones bursátiles, especialmente cuando las decisiones corporativas se cruzan con narrativas electorales, lealtades ideológicas y disputas de poder. En este nuevo entorno, la pregunta ya no es solo qué tan sólida es una empresa, sino qué tan vulnerable resulta frente a los vaivenes del poder político.