Durante una sesión informativa con legisladores, la Administración del presidente Donald Trump reconoció que no posee, por ahora, una base jurídica que permita justificar una acción militar contra Venezuela.
La exposición se realizó el pasado miércoles en Washington ante el Congreso, en el contexto de la campaña antidrogas que Estados Unidos mantiene en el Caribe y el Pacífico.
Según la información transmitida a los congresistas, los secretarios de Estado, Marco Rubio, y de Guerra, Pete Hegseth, explicaron que la estrategia ordenada por el mandatario se centra exclusivamente en operaciones marítimas.
Indicaron que, desde septiembre, el despliegue estadounidense ha realizado cerca de veinte ataques contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico, dejando más de 60 muertos.
De acuerdo con los funcionarios, la “orden de ejecución” que inició esas operaciones en aguas internacionales cercanas a Venezuela y Colombia no autoriza acciones en tierra firme.
Sin embargo, testigos citados por CNN aseguraron que altos representantes del Gobierno no descartan intervenciones futuras contra líderes o instalaciones de cárteles ubicados dentro de Venezuela.
El presidente Trump, por su parte, endureció su discurso hacia el mandatario venezolano Nicolás Maduro, al que acusa de “liderar una red de narcotráfico”, mientras evalúa ampliar el alcance de las operaciones.
Informes de medios estadounidenses señalan que el Departamento de Justicia elaboró un dictamen que serviría para sustentar ataques dirigidos contra organizaciones criminales catalogadas como terroristas internacionales.
Fuentes consultadas por CNN precisaron que el documento, elaborado por la Oficina de Asesoría Legal, menciona 24 grupos delictivos con base en América Latina que podrían convertirse en objetivos militares.
“Lo que es cierto hoy puede que no lo sea mañana”, declaró una fuente.
A su vez, subrayó que el presidente aún no ha definido una decisión sobre Venezuela.
El operativo naval desplegado en el Caribe representa, según analistas, la movilización marítima más grande de Estados Unidos desde la primera guerra del Golfo Pérsico (1990-1991). En la zona se mantienen ocho buques de guerra, incluidos seis destructores, junto con tres buques anfibios y un submarino.
A su vez, el portaaviones nuclear Gerald R. Ford, considerado el más avanzado de la flota estadounidense, atravesó el Estrecho de Gibraltar rumbo al Caribe esta semana.
La movilización ha generado rechazo por parte de los gobiernos de Venezuela, Colombia y sus aliados regionales, entre ellos Brasil, Nicaragua y Cuba, quienes han expresado su desaprobación por la presencia militar estadounidense.
Pese a la magnitud del despliegue, la Casa Blanca mantiene que su propósito es reforzar la lucha contra el narcotráfico. No obstante, el reconocimiento hecho ante el Congreso revela que no existe, de momento, un fundamento legal que permita extender las operaciones hacia territorio venezolano.
Con información de EFE