Con 16 años fue regente, con 18 mandó la caballería en una batalla decisiva, con 20 se sentó en el trono y, en la aventura de la conquista del mayor imperio conocido entonces, Alejandro Magno “no estuvo perdido en ningún momento”, según el Catedrático de Historia Antigua Francisco Javier Gómez Espelosín, autor de “Las geografías de Alejandro”.