En los últimos meses, la frontera entre México y Estados Unidos ha vivido un cambio sin precedentes. De acuerdo con el académico Jorge Durand, profesor-investigador de la Universidad de Guadalajara, “hay un cierre total de la frontera”, una medida que ha frenado drásticamente el flujo migratorio hacia el norte y se ha reflejado en la disminución del número de migrantes detenidos en territorio mexicano. Mientras en 2024 fueron detenidas un millón 106 mil 400 personas provenientes de todo el continente, este año la cifra cayó a 111 mil 32, lo que confirma una tendencia descendente en la movilidad humana regional.
Durante la mesa “México en el panorama internacional de las migraciones”, realizada en el marco del X Encuentro Libertad por el Saber, organizado por El Colegio Nacional, Durand sostuvo que la política estadounidense ha cambiado de enfoque: “La migración para Trump ya no es un problema, ahora son los aranceles. Ya no es por la migración, es por el fentanilo”, afirmó. En el panel, moderado por la demógrafa Silvia Giorguli Saucedo, también participaron las académicas Claudia Masferrer y Jessica Nájera, del Colegio de México, quienes coincidieron en que México ha asumido, de facto, el papel de contención migratoria que antes ejercía Estados Unidos.

Durand explicó que las cifras son prueba de este cierre y de una “deportación masiva, todavía parcial”. El ejemplo más claro está en la caída de migrantes provenientes de África y Asia: mientras en 2024 llegaron 58 mil 764 africanos, este año apenas se registraron 6 mil 789; en el caso de los asiáticos, la cifra bajó de 67 mil 962 a 6 mil 104.
El investigador recordó que la historia reciente de la política migratoria con Donald Trump se remonta a 2016, cuando el entonces presidente Enrique Peña Nieto lo recibió en Los Pinos. “Nunca se supo exactamente de qué hablaron, pero Peña Nieto no negó públicamente el muro ni rechazó que México pagara por él”, relató. Poco después, en un mitin en Phoenix, Trump retomó su retórica contra los mexicanos, calificándolos de “violadores y traficantes”.

En 2018, la llegada de la gran caravana migrante al puente del Suchiate marcó un punto de inflexión. De los miles que partieron de Centroamérica, cerca de siete mil llegaron hasta Tijuana. Para Trump, aquello representó una “invasión” y cambió el carácter del fenómeno: de un flujo laboral pasó a ser una migración con fines de refugio.
Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder en 2019, la relación migratoria se convirtió en un terreno de negociación. Según Durand, el entonces canciller Marcelo Ebrard tuvo que aceptar el programa Quédate en México, mediante el cual las personas solicitantes de asilo en Estados Unidos debían permanecer en territorio mexicano mientras se resolvía su trámite. “Nunca antes México había aceptado recibir a extranjeros devueltos por otro país”, recordó el académico.
La presión de Trump escaló con amenazas de imponer tarifas, lo que llevó a que México desplegara 20 mil elementos de la Guardia Nacional en sus fronteras. Esa medida redujo el flujo de migrantes de 100 mil a 30 mil por mes. Luego vino la pandemia de COVID-19, que cerró completamente la frontera. Con el fin de la emergencia sanitaria y la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca, el tránsito se reactivó: unos ocho millones de personas cruzaron México rumbo a Estados Unidos durante su administración. Sin embargo, en los últimos meses de 2024, ante el retorno de Trump, las cifras volvieron a desplomarse. “En diciembre pasaron 301 mil migrantes; al mes siguiente, solo 10 mil. Trump prometió cerrar la frontera, y la cerró”, relató Durand.
La académica Jessica Nájera, en su ponencia “La frontera sur de México: puerto de entrada de migrantes internacionales”, subrayó que los flujos migratorios han cambiado en composición y en rutas. “Hasta 2015, el 90% de las personas migrantes eran de Guatemala, Honduras y El Salvador. Hoy solo representan el 30%. El resto proviene de una diversidad de países y continentes”, explicó. En 2022 se contabilizaron migrantes de 141 nacionalidades detenidos en México, frente a los menos de 20 países registrados en 2015.

Nájera también detalló que las detenciones se concentran en zonas específicas donde el Instituto Nacional de Migración tiene mayor presencia, como Chiapas, Tabasco y los municipios fronterizos de Tapachula, Ciudad Hidalgo, Tenosique y Palenque. “El año pasado, el INM relocalizó a migrantes detenidos en el norte del país hacia Tabasco para mantenerlos cerca de la frontera sur. Así, Tabasco se convirtió en un nuevo punto de alta detención”, señaló.
Por su parte, la socióloga Claudia Masferrer abordó el fenómeno del retorno desde Estados Unidos en su exposición “Destino México. Inmigraciones, llegadas y esperas en un país desigual”. A partir de testimonios incluidos en su libro The Returned, Masferrer advirtió que el regreso a México suele estar marcado por la desorientación y la falta de arraigo. “Las personas retornadas están atrapadas allá y también aquí. Llegan desubicadas, norteadas, sin saber a dónde ir ni quiénes son en su propio país”, expresó.

Las tres investigadoras coincidieron en que México atraviesa un momento histórico en materia migratoria: mientras Estados Unidos blinda su frontera sur, el territorio mexicano se ha convertido en espacio de tránsito, contención y retorno. “Esta es la situación que tenemos hoy”, concluyó Durand. “La frontera está cerrada y México, sin decirlo abiertamente, se ha convertido en el nuevo muro”.