Un derrame petrolero que inició en el sur de Veracruz se ha extendido hasta Tuxpan, Tamiahua y Paraíso, Tabasco, cubriendo aproximadamente 630 kilómetros de litoral y afectando la totalidad del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México, una de las zonas ecológicas más ricas del país. Greenpeace México ha emitido una dura alerta, calificando la situación como un derrame sin control, por la magnitud de la mancha, la presencia continua de chapopote y la lentitud de la respuesta institucional.
⚠️ Este ya es un derrame petrolero sin control. ⚠️
— Greenpeace México (@greenpeacemx) March 23, 2026
🛑El derrame petrolero en el Golfo de México se sigue extendiendo y ya suma un total de 630 kilómetros de línea de costa afectada, lo que representa la totalidad del Corredor Arrecifal del Suroeste del Golfo de México. pic.twitter.com/YR5ua3IS25
De acuerdo con la organización ecologista y la Red Corredor Arrecifal, al menos 51 sitios ya presentan depósitos de chapopote en playas, manglares y corales, lo que pone en riesgo especies marinas, pesca artesanal y el turismo costero. Comunidades de Veracruz y Tabasco reportan que, pese a los anuncios oficiales, el flujo de residuos petroleros no ha cesado y que muchos tramos de costa nem todo han sido intervenidos por brigadas de limpieza.
Pemex, por su parte, ha comunicado que el 85% de la limpieza ya está concluida, cifra que contrasta con la percepción y las evidencias de activistas y pobladores. Esta diferencia de narrativas ha generado desconfianza en torno a la transparencia de la información, la calidad de los trabajos de remediación y la capacidad real de las autoridades para contener el desastre ambiental.
Greenpeace México subraya que el problema no es aislado: en el país se registran alrededor de 16 derrames diarios relacionados con la industria fósil, muchos de ellos insuficientemente reportados o atendidos. En este contexto, el derrame del Golfo se convierte en un llamado de atención sobre la vulnerabilidad de los ecosistemas costeros y la necesidad de replantear la gestión de riesgos en la industria petrolera.
Ante la gravedad del caso, la organización y la Red Corredor Arrecifal exigen medidas inmediatas:
- la declaración de zonas de emergencia ambiental en Veracruz y Tabasco,
- la elaboración y ejecución de planes de contingencia detallados para derrames en el Golfo,
- y la protección de brigadas de limpieza, en cuanto a seguridad sanitaria, capacitación y recursos suficientes para restaurar playas, manglares y arrecifes.

Activistas advierten que el daño ecológico de este derrame tendrá impactos a mediano y largo plazo, con pérdida de biodiversidad, afectación a la pesca y a la salud de habitantes que dependen directamente del mar. La frase “ya es un derrame sin control” resume no solo la extensión física de la mancha, sino también la sensación de que las instituciones han quedado por debajo de la magnitud del desastre.
En las próximas semanas, la presión de comunidades, organizaciones ambientales y la opinión pública podría ser clave para obligar a una revisión profunda de los protocolos de respuesta, la rendición de cuentas de Pemex y la asignación de recursos reales para la reparación ambiental.