Aunque el uso de protector solar es fundamental para prevenir quemaduras, envejecimiento prematuro de la piel y cáncer cutáneo, su impacto ambiental, particularmente en los arrecifes de coral, ha generado creciente preocupación entre científicos y autoridades.
Diversos estudios han demostrado que ciertos filtros ultravioletas presentes en los protectores solares comerciales convencionales se liberan al agua marina y afectan gravemente a los organismos coralinos. Entre los compuestos más problemáticos destacan la oxibenzona (benzofenona-3) y el octinoxato (etilhexil metoxicinamato). Estas sustancias, que absorben la radiación UV, pueden provocar blanqueamiento de corales, daños en el ADN de las larvas y alteraciones en su desarrollo reproductivo.

Investigaciones publicadas en revistas como Archives of Environmental Contamination and Toxicology han mostrado que la oxibenzona es tóxica para los corales incluso en concentraciones extremadamente bajas, equivalentes a una gota en varios millones de litros de agua. Los corales expuestos a estos químicos expulsan las algas simbióticas que les proporcionan color y nutrientes, lo que debilita el ecosistema y puede llevar a su muerte. Además, estos compuestos afectan a otros organismos marinos, incluyendo peces, actuando como disruptores endocrinos.
Se estima que entre 6,000 y 14,000 toneladas de protector solar llegan anualmente a los océanos, principalmente por el lavado de la piel de bañistas en zonas costeras con alta afluencia turística. Esto ha motivado medidas regulatorias en varios lugares. En 2018, Hawái se convirtió en el primer estado de Estados Unidos en prohibir la venta y distribución de protectores solares que contengan oxibenzona y octinoxato, medida que entró en vigor en 2021. Lugares como Palau, las Islas Vírgenes de EE.UU., Bonaire y otras zonas protegidas han implementado restricciones similares.

Ante esta situación, los expertos recomiendan priorizar los protectores solares minerales o físicos, formulados principalmente con óxido de zinc y dióxido de titanio. Estos compuestos actúan reflejando y dispersando la radiación UV en lugar de absorberla. Cuando se utilizan en versión “no nano” (partículas mayores a 100 nanómetros), presentan un menor riesgo para los ecosistemas marinos y son considerados “reef-safe” o aptos para arrecifes. Organizaciones como la Environmental Working Group (EWG) y el National Park Service sugieren estos productos como alternativa más segura cuando es necesario usar protector en el mar.
Osvaldo Páez, Gerente de Sostenibilidad de Belmond, ha destacado en diversas intervenciones que los protectores solares químicos representan una de las principales amenazas para los arrecifes de coral en destinos turísticos. En propiedades como Maroma, en la Riviera Maya, se promueven prácticas de conservación que incluyen la protección del Mesoamerican Reef, el segundo arrecife de barrera más grande del mundo.

Además de elegir productos adecuados, las recomendaciones incluyen el uso de ropa con factor de protección ultravioleta (UPF), camisetas de manga larga, sombreros y permanecer bajo la sombra durante las horas de mayor intensidad solar (entre las 10:00 y 16:00 horas). Aplicar el protector 15-20 minutos antes de entrar al agua y reaplicarlo frecuentemente también ayuda a reducir la cantidad que se libera al mar.
Aunque el impacto de los protectores solares es significativo en zonas localizadas con alta densidad de bañistas, los científicos enfatizan que no reemplaza otras amenazas mayores como el calentamiento global, la acidificación de los océanos y la contaminación por plásticos. Sin embargo, cada acción individual contribuye a la preservación de estos ecosistemas clave, que albergan alrededor del 25% de la biodiversidad marina mundial.
En México, donde el turismo costero es un pilar económico, la conciencia sobre protectores “amigables con los arrecifes” crece entre operadores turísticos y visitantes. Elegir fórmulas minerales no solo protege la salud personal, sino que ayuda a salvaguardar los recursos naturales que sustentan el turismo y la biodiversidad.