En las calles de Mazatlán, la noche del lunes 1 de junio de 2026 marcó un punto de inflexión en la larga disputa por el control del sur de Sinaloa. Gabriel Nicolás Martínez Larios, conocido en los círculos del crimen organizado como “El Gabito” o “El 80”, fue detenido por elementos de la Policía Estatal Preventiva en la colonia Real del Valle, sobre Paseo del Atlántico.
La ficha del Registro Nacional de Detenciones lo describe con precisión: complexión robusta, tez clara, barba y bigotes escasos, vestido con camisa café, pantalón de mezclilla negro y tenis del mismo color. Horas después, fue trasladado a la Ciudad de México bajo custodia de la Fiscalía General de la República.Este no es un nombre cualquiera en la actual geografía criminal de Sinaloa.

Miembro de un clan familiar originario de Guadalajara pero arraigado desde hace años en El Rosario, Martínez Larios escaló posiciones tras la muerte de su hermano José Luis, “El Monstruo”, abatido en 2015. Junto a sus hermanos —entre ellos Óscar Luciano, “El Casco” o “El 81”— se consolidó como operador de confianza de Los Chapitos, particularmente bajo la instrucción de figuras como Óscar Noé Medina González, “El Panu”, cuyo asesinato en diciembre de 2025 en la CDMX dejó un vacío que muchos creían podría llenar “El Gabito”.
Reportes de inteligencia de la Sedena lo ubicaban desde al menos 2020 como responsable de la zona sur: Mazatlán, Concordia, El Rosario y Escuinapa. Su nombre aparece en narcocorridos de artistas como Gerardo Ortiz, Luis R. Conríquez y Panchito Arredondo, donde se le retrata como un hombre de guerra inteligente, leal a Iván Archivaldo Guzmán Salazar y capaz de coordinar operaciones que van desde el control territorial hasta disputas contra grupos rivales como remanentes de los Beltrán Leyva o el Cártel de Caborca.
Esas mismas canciones hablan de extorsiones, desplazamientos y una presencia que, aunque discreta, generaba temor en la sierra y la costa. La detención cobra mayor peso porque ocurre en plena guerra interna del Cártel de Sinaloa, un conflicto que ha dejado decenas de muertos, desaparecidos y comunidades enteras bajo presión.
Fuentes periodísticas lo ligan incluso a investigaciones por la desaparición de trabajadores mineros en Concordia, un caso que sigue generando indignación y demandas de justicia. Aunque la ficha oficial no incluye alias —aparece como “sin dato”—, la coincidencia de nombre, fecha y lugar con los reportes de inteligencia no deja lugar a dudas.
En una acción coordinada en El Rosario, Sinaloa, elementos de @Defensamx1, @GN_MEXICO_ y autoridades estatales detuvieron a Gabriel “N”, alias “Gabito”, identificado como generador de violencia y jefe regional de la facción “Los Menores”.
— Gabinete de Seguridad de México (@GabSeguridadMX) June 2, 2026
El detenido es investigado por su… pic.twitter.com/Ow6XbAqIue
“El Gabito” representaba para muchos el relevo generacional: alguien que sobrevivió a caídas de altos mandos y supo mantener el control en una plaza caliente.
Su captura, sin embargo, no elimina el problema de fondo: mientras persistan las disputas por plazas, rutas y poder, la violencia seguirá siendo el lenguaje dominante en Sinaloa. Las autoridades federales y estatales tienen ahora la responsabilidad de convertir este momento en un avance real de justicia, no solo en un titular más del ciclo interminable de detenciones y reacomodos.