Un ambicioso proyecto científico binacional está reescribiendo los relatos tradicionales sobre el mestizaje en México y cuestionando su uso como narrativa identitaria. Presentado en El Colegio Nacional dentro del ciclo La arqueología hoy, el proyecto AdMEXture plantea que la noción de mestizaje, tal como se ha difundido desde el siglo XX, es una explicación parcial, cargada de componentes racistas y nacionalistas que no corresponden con los complejos procesos históricos de mezcla social, cultural y biológica ocurridos a lo largo de los últimos quinientos años.
Liderado por especialistas de México y España, AdMEXture reúne a investigadores de la Universidad de Burgos, el Centro Nacional de Investigaciones sobre la Evolución Humana, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, el Proyecto Templo Mayor y la UNAM. El equipo —integrado por Cristina Valdiosera, Federico Navarrete, Arturo Talavera, Alex Max Sandoval y Jacqueline Castro Irineo— busca comprender las dinámicas de poder que dieron forma a la sociedad novohispana y poscolonial, y cómo esas relaciones quedaron inscritas en lo que definen como desigualdad genética.

Durante la conferencia “La huella de la desigualdad: una aproximación bioarqueológica al mestizaje en México”, celebrada en el Aula Mayor de El Colegio Nacional, el historiador y antropólogo Federico Navarrete sostuvo que el concepto de mestizaje se ha utilizado como una narrativa unificadora que oculta diferencias profundas entre grupos y épocas. Aseguró que la idea de que la mezcla comenzó con Cortés y Malintzin “es históricamente falsa”, pues existían poblaciones de origen diverso desde antes de la conquista. También refutó la idea de continuidad histórica entre los siglos XVI al XVIII y las construcciones identitarias del XIX y XX, cuando el mestizaje se institucionalizó como política cultural y, en muchos casos, como herramienta de blanqueamiento y exclusión.
Navarrete explicó que, a partir del siglo XX, el mestizaje comenzó a operar como identidad racial, pese a que en la Colonia había sido más un problema de estatus y legitimidad. Esta narrativa, dijo, borró diferencias históricas y promovió la idea de que ser mexicano equivalía a ser mestizo, reforzando un proyecto cultural que privilegiaba la occidentalización en detrimento de las identidades indígenas.

La bióloga Cristina Valdiosera detalló que el proyecto utiliza técnicas de bioarqueología y análisis de ADN antiguo para reconstruir la procedencia geográfica de individuos que vivieron en distintos periodos de la Cuenca de México. Subrayó que conceptos como pureza racial o mestizaje carecen de sustento biológico, pero sí reflejan construcciones sociales que marcaron las relaciones de poder. La investigación, dijo, se centra menos en “quién se mezcló con quién” y más en cómo las interacciones sociales de distintas épocas dejaron rastros medibles en la distribución de ancestrías genéticas.
Para ello, el proyecto trabaja con 150 colecciones osteológicas del INAH provenientes de contextos posclásicos tardíos y de los primeros siglos posteriores al contacto, además de los restos excavados en el Templo Mayor. Arturo Talavera, responsable de la sección de Bioarqueología del INAH, explicó que la extracción de ADN se realiza principalmente a partir de huesos petrosos, donde la cóclea conserva material genético aun cuando los restos están degradados o contaminados. La labor incluye análisis detallados de edad, sexo, patologías, marcas culturales y condiciones tafonómicas, integrando información arqueológica, histórica y antropológica.

En el caso del Templo Mayor, Jacqueline Castro Irineo destacó que se estudiaron 66 individuos provenientes de ofrendas fechadas entre 1440 y 1502, durante los gobiernos de Motecuzoma Ilhuicamina, Axayacatl y Ahuízotl. Estas muestras fueron procesadas bajo protocolos autorizados por el Consejo de Arqueología del INAH y posteriormente enviadas a la Universidad de Burgos para su análisis molecular.
Los primeros resultados, presentados por Alex Max Sandoval, revelan patrones que matizan las ideas convencionales sobre la mezcla poblacional. Los individuos prehispánicos muestran exclusivamente ascendencia americana, mientras que en aquellos del periodo colonial aparecen componentes europeos y africanos en distintas proporciones. Sandoval destacó el caso de Los Olmos, donde los restos presentan rasgos culturales europeos pero mantienen ascendencia genética completamente americana, lo que evidencia que la adopción de elementos culturales no siempre implicó mezcla biológica. También describió individuos con combinaciones complejas: uno de San Carlos con proporciones similares de ancestría europea, americana y africana pero linaje materno africano, y otro de Santa Paula con ascendencias diversas pero herencia mitocondrial y paterna totalmente europea.

Los investigadores aseguran que estas variaciones no solo revelan movilidad y contactos intercontinentales, sino también formas de desigualdad heredadas, pues los patrones de mezcla reflejan jerarquías sociales, imposiciones culturales, violencia, migraciones forzadas y prácticas de integración o exclusión.
Presentado como una herramienta para repensar la identidad mexicana desde la evidencia científica, AdMEXture busca desmontar mitos arraigados y promover una comprensión más amplia y crítica de la historia poblacional del país.