El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, inauguró este jueves en Washington D.C. la primera reunión de la denominada Junta de Paz, un organismo internacional impulsado por la Casa Blanca con el objetivo declarado de abordar conflictos globales empezando por la reconstrucción de Gaza tras años de guerra y tensiones en Medio Oriente. La cita, celebrada en el Instituto de Paz recientemente rebautizado con el nombre del propio mandatario, congregó a más de cuarenta países en calidad de miembros y observadores, marcando uno de los esfuerzos de Washington más audaces para reposicionarse como actor central de la diplomacia mundial.
En la inauguración, Trump destacó la “importancia y prestigio” de este nuevo organismo y lo calificó como un foro sin parangón en la historia diplomática reciente, subrayando que “nunca ha habido nada parecido” en cuanto a la magnitud de líderes reunidos. El tono de su mensaje fue el de un llamamiento al multilateralismo bajo su liderazgo, aunque no faltaron las referencias retóricas a la supremacía política de Estados Unidos en la escena global y al rol central que, según él, Washington debe jugar en la consecución de la paz.

Entre los asistentes figuraron jefes de Estado y de gobierno como Javier Milei, presidente de Argentina, Santiago Peña de Paraguay y el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán. También participaron líderes asiáticos como el presidente indonesio Prabowo Subianto y otros representantes de gobiernos de Camboya, Vietnam y países de Medio Oriente y Asia Central, así como delegaciones de Estados como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Turquía, Catar, Pakistán, Marruecos y Jordania. Observadores de México, Rumanía, Italia y República Checa, así como la comisaria europea para el Mediterráneo, Dubravka Suica, siguieron la reunión sin ejercer voto en el órgano recién creado.
Un aspecto que no pasó desapercibido fue la ausencia del primer ministro israelí Benjamín Netanyahu. En lugar de su asistencia, Israel envió a su ministro de Exteriores, Gideon Saar, ante la imposibilidad de que Netanyahu viajara a la capital estadounidense debido a sus compromisos políticos y judiciales en su país. La representación de Israel en la Junta, sin embargo, se mantiene y refleja la compleja posición de su participación en un foro cuyo principal objetivo inicial es la reconstrucción de Gaza tras el conflicto con Hamás.

La cumbre estuvo acompañada de anuncios financieros significativos. Trump informó que Estados Unidos contribuirá con 10 mil millones de dólares a los esfuerzos humanitarios y de reconstrucción, suma a la que se suman promesas de aportes de otros países miembros, que según la Casa Blanca superarían los 5 mil millones de dólares en conjunto. La agenda también contempla la posible creación de una fuerza internacional de estabilización para Gaza, con compromisos iniciales de personal militar y policial de varias naciones aliadas.
No obstante, la iniciativa de Trump ha generado reacciones mixtas en la comunidad internacional. Potencias tradicionales de Occidente como el Reino Unido, Francia o Alemania han optado por no participar, y varios países expresan cautela ante la posibilidad de que esta Junta funcione como un instrumento paralelo o incluso competitivo frente a organismos multilaterales consolidados como las Naciones Unidas, una institución que Trump ha criticado abiertamente en múltiples ocasiones.
Durante su discurso, Trump planteó que la Junta de Paz trabajará en “cooperación con las Naciones Unidas” en “algunos casos”, aunque su visión es que este organismo pueda “ir más allá de Gaza” y abordar conflictos globales de diversa índole, desde tensiones geopolíticas hasta crisis humanitarias. Esta ambición de ampliación coloca a la Junta como un proyecto de largo alcance, aunque todavía rodeado de escepticismo sobre su eficacia real y su impacto en la arquitectura internacional existente.

Acompañando a Trump estuvieron figuras clave de su administración, incluidos el vicepresidente J.D. Vance, el secretario de Estado Marco Rubio, la jefa de Gabinete Susie Wiles, y los enviados especiales Steve Witkoff y Jared Kushner, señalando la importancia política y personal con que la Casa Blanca ha estructurado este esfuerzo diplomático.
La inauguración de la Junta de Paz se produce en un contexto global marcado por tensiones persistentes en Medio Oriente, desafíos a la estabilidad regional y debates intensos sobre el papel de Estados Unidos en la política exterior. Aunque Trump y sus aliados promueven esta iniciativa como un camino hacia la paz duradera y la reconstrucción, para muchos analistas internacionales la Junta representa más un instrumento de influencia geopolítica estadounidense que una respuesta eficaz a los complejos conflictos que enfrenta el mundo hoy.