La acelerada expansión de la inteligencia artificial generativa (IAGen) ha colocado a las universidades frente a una encrucijada histórica: aprovechar su potencial democratizador o permitir que profundice brechas ya existentes. Así lo advirtió la secretaria de Desarrollo Institucional de la UNAM, Tamara Martínez Ruíz, al inaugurar la Tercera Jornada de Inteligencia Artificial Generativa en Educación, donde urgió a fortalecer la alfabetización digital con un enfoque interdisciplinario y centrado en el ser humano.
La funcionaria subrayó que los avances recientes de la IA —con sistemas capaces de razonar, programar y operar de forma autónoma— traen consigo oportunidades inéditas para disminuir desigualdades, ampliar el acceso al conocimiento y personalizar los procesos de aprendizaje. Pero al mismo tiempo, recalcó, presentan riesgos ya documentados en materia de sesgos, impactos laborales, pérdida de control sobre sistemas complejos, discriminación y desconfianza social. Según el Informe Internacional de Seguridad de la IA 2025, estos desafíos deben ser atendidos con políticas educativas robustas y una ética tecnológica de largo plazo.
Martínez Ruíz citó además una encuesta reciente de la Unesco que revela la dimensión de los retos inmediatos: aunque nueve de cada 10 instituciones de educación superior ya utilizan IA en sus actividades, una de cada cuatro ha enfrentado problemas éticos vinculados con plagio, dependencia excesiva, sesgos derivados de la programación o disputas de autoría. De ahí la necesidad, afirmó, de que la comunidad universitaria participe no solo como usuaria, sino como cocreadora de estas tecnologías, fortaleciendo competencias digitales, científicas y éticas frente a escenarios emergentes.

En una reflexión amplia sobre el papel de la IA en la educación superior, el titular del CEIDE, Melchor Sánchez Mendiola, sostuvo que la IAGen está transformando la vida académica con una rapidez sin precedentes. En apenas tres años, dijo, pasó de ser un experimento técnico a convertirse en un fenómeno cultural, educativo y económico que redefine nociones tan fundamentales como autoría, creatividad y evaluación.
Sánchez Mendiola describió esta etapa como una “situación paradójica”: la misma tecnología que puede ampliar la capacidad de razonamiento, ofrecer tutorías personalizadas y democratizar el acceso a apoyos cognitivos avanzados, también puede generar ilusiones de dominio, erosionar habilidades de lectura y argumentación, y profundizar desigualdades si su acceso no es equitativo. Por ello, planteó que la pregunta clave no es si la universidad incorporará IA, sino cómo y bajo qué principios lo hará.
La jornada académica también dio espacio a la reflexión institucional. La coordinadora de Universidad Abierta y Educación Digital, Anabel de la Rosa Gómez, señaló que la continuidad del evento refleja la velocidad con que evoluciona la IA y la necesidad de la UNAM de examinar sus implicaciones permanentemente. Por su parte, el coordinador general del Centro de Estudios en Computación Avanzada, Boris Escalante Ramírez, enfatizó que los cambios ya son visibles en analíticas de aprendizaje, tutorías inteligentes y modalidades educativas híbridas, lo que obliga a la comunidad a desmitificar, transparentar y, cuando sea necesario, regular estas tecnologías.

A la discusión se sumaron la directora del Instituto de Investigaciones sobre la Universidad y la Educación, Gabriela de la Cruz Flores, y el coordinador del Centro de Ciencias de la Complejidad, Javier Soberón Mainero, quienes destacaron la necesidad de fortalecer el diálogo interdisciplinario para enfrentar los desafíos pedagógicos y científicos que trae consigo esta nueva era.
Finalmente, el director general de Cómputo y Tecnologías de Información y Comunicación, Héctor Benítez Pérez, recordó que la IAGen ya forma parte integral de los procesos de aprendizaje, creación e investigación. Lejos de ser una moda pasajera, afirmó, es una herramienta que redefine el ecosistema universitario y cuya adopción responsable será crucial para que la tecnología contribuya a reducir desigualdades en lugar de profundizarlas.
La UNAM, coincidieron los ponentes, se encuentra en un momento decisivo: la IA puede ser la gran aliada para impulsar inclusión y creatividad académica, pero solo si su integración se construye con ética, vigilancia y una visión humanista que priorice el desarrollo equitativo de la sociedad.