Desde su infancia en Veracruz, donde pasaba horas al lado de su padre aprendiendo a usar taladros, pinzas y destornilladores para reparar aparatos de aire acondicionado, Valeria Palacios Cruz intuía que su futuro no sería ordinario. Aquellos primeros contactos con herramientas no fueron un simple juego, sino la primera chispa de una pasión por desentrañar cómo funcionan las cosas y, sobre todo, cómo la tecnología puede usarse para resolver problemas reales. Hoy, a sus 19 años, Valeria se ha convertido en un símbolo de innovación y de ruptura de estereotipos de género en México y más allá.
Su historia se entrelaza con la decisión audaz de estudiar dos ingenierías simultáneamente: Electrónica y Mecatrónica, un desafío académico que pocos jóvenes se atreven a enfrentar, y que tradicionalmente ha estado dominado por hombres. Pero la obstinación de Valeria por comprender sistemas complejos y su intuición para la solución de problemas la llevaron más allá del aula. Su enfoque se centró en aplicar ciencia y tecnología no solo como fines en sí mismos, sino como herramientas para generar impacto en comunidades y ecosistemas.

Ese empeño la llevó a desarrollar proyectos que combinan inteligencia artificial (IA) y robótica con finalidades ambientales y sociales. Con inquietudes originadas en su entorno costero veracruzano, Valeria diseñó el Clean Water Drone, un dron autónomo capaz de detectar y recolectar residuos flotantes en cuerpos de agua, utilizando visión artificial para distinguir entre elementos flotantes y agua limpia. Este dispositivo no solo demuestra la capacidad de la IA para supervisar ambientes contaminados con mayor eficiencia, sino que también abre la puerta a soluciones tecnológicas frente a la crisis ambiental que enfrentan muchas zonas costeras. El paso siguiente fue el desarrollo de Drones for Reforestation, un sistema que, mediante análisis de imágenes aéreas basadas en IA, identifica zonas degradadas y dispersa semillas de manera autónoma, acelerando la reforestación en áreas de difícil acceso.
Sin embargo, Valeria no se detuvo en los entornos naturales. Consciente de las necesidades de una población que envejece, dirigió su genio también hacia la robótica con enfoque social a través de CONIA, un robot asistencial diseñado para apoyar a personas mayores. Equipado con visión artificial y procesamiento de lenguaje natural, CONIA puede reconocer medicamentos y recetas, interpretar materiales impresos y detectar situaciones de riesgo, lo que lo convierte en un aliado para mejorar la calidad de vida de quienes requieren atención constante.
El proyecto más ambicioso hasta ahora es Mantarraya, un dron autónomo de gran capacidad para operaciones de rescate en situaciones de desastre, como inundaciones, incendios o derrumbes. Incorporando modelos avanzados de IA para detectar personas en riesgo, analizar el entorno y planificar rutas óptimas de operación, Mantarraya representa un salto significativo en la aplicación de tecnologías inteligentes para salvar vidas en contextos críticos.
El reconocimiento a su trabajo ha sido igualmente extraordinario. El 14 de enero de 2026, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, felicitó públicamente a Valeria tras el anuncio de la Fundación HP, que la designó ganadora de la Medalla Mundial de la Educación en la categoría de estudiante, un galardón que la llevó a viajar a Londres para recibir la distinción. Para Valeria, fue “un sueño hecho realidad”, un hito que legitima años de dedicación y aprendizaje autodidacta y colaborativo.
En una reciente presentación del proyecto Mantarraya, la presidenta Sheinbaum sonrió junto a Valeria y su equipo, evidenciando cómo las nuevas generaciones están tomando protagonismo en áreas que antes se consideraban exclusivas de ciertos grupos. Esa visibilidad es clave, especialmente en un campo como la ciencia y la tecnología, donde la presencia femenina sigue siendo minoritaria a nivel global. Según datos del Instituto de Estadística de la UNESCO, solo alrededor del 31,1 % de las personas investigadoras en el mundo eran mujeres en 2022, y la brecha se acentúa en áreas como la IA y la ingeniería, donde la participación femenina tiende a ser aún menor.

Valeria, consciente de estos desafíos estructurales, ha convertido su trayectoria en un llamado a la acción para las juventudes mexicanas, especialmente para mujeres y niñas interesadas en las disciplinas STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas). “Quiero seguir haciendo proyectos, ayudar a las personas, a la comunidad y al medio ambiente. Y seguir dándole tecnología a México”, afirma con la claridad que caracteriza su enfoque. A quienes dudan de su lugar en la ciencia, les dice sin vacilar: “Todo se puede”.