“No Music for Genocide” es una campaña internacional de boicot cultural que busca que los artistas, sellos discográficos y plataformas de streaming retiren o bloqueen sus catálogos musicales en Israel como protesta frente al genocidio en Gaza, las políticas de apartheid, limpieza étnica en los territorios ocupados y la represión del activismo pro-Palestina.
La iniciativa llega en medio de una escalada del conflicto entre Israel y Palestina, con denuncias de organizaciones de derechos humanos sobre violaciones graves en Gaza. Muchos ven esta campaña como una forma de presión moral, similar a los boicots culturales que fueron efectivos en otras épocas — por ejemplo, durante el apartheid en Sudáfrica.
Objetivos principales
- Presión ética y política: que la cultura deje de ser neutral frente al sufrimiento y las violaciones de derechos humanos. Utilizar el arte como forma de denuncia.
- Boicot cultural concreto: retirar música de plataformas de streaming en Israel (geo-bloqueo), exigir que grandes sellos discográficos participen quitando catálogos, así como que los distribuidores colaboren para hacer el bloqueo efectivo.
- Visibilización internacional: generar conciencia pública, deslegitimar cualquier intento de normalizar lo que la campaña califica como crímenes de guerra, apartheid o genocidio, mediante acciones simbólicas que manifiesten solidaridad con Palestina.
- Llamado a las grandes corporaciones musicales: que grupos como Sony, Universal y Warner (los grandes del negocio) tomen medidas semejantes, como lo hicieron en casos previos, por ejemplo tras la invasión de Ucrania en 2022.
¿Quiénes se han sumado?
Hasta ahora, la campaña cuenta con más de 400 artistas y sellos de todo el mundo que han aceptado retirar o bloquear su música en Israel. Aquí algunos nombres destacados, y el tipo de participación que han asumido:
- Massive Attack: no solo han bloqueado su catálogo en Israel, sino que además han pedido que su música sea retirada de Spotify a escala global.
- Otros artistas conocidos: Rina Sawayama, Primal Scream, Ana Tijoux, Japanese Breakfast, Fontaines D.C., King Krule, Faye Webster, MIKE, Amyl & the Sniffers, Kneecap, Yaeji.
- Sellos y distribuidoras independientes: Bayonet, 10k, PAN, entre otros, han colaborado bloqueando catálogos, editando territorios de lanzamiento o solicitando geo-bloqueos.

La campaña “No Music for Genocide” representa un ejemplo contemporáneo de cómo los artistas están buscando intervenir políticamente más allá de declaraciones: usando sus derechos de autor y sus catálogos como palancas de protesta. Su fuerza reside en el número de adherentes y en la forma directa de manifestar descontento: retirar arte, cortar vínculo comercial con plataformas cómplices — como lo ven ellos — en la normalización del conflicto.
Queda por verse qué impacto tangible tendrá en políticas estatales, en la industria musical y, sobre todo, en la vida de las personas afectadas por el conflicto. Pero ya es evidente que este boicot cultural ha captado atención global y ha abierto un nuevo frente de presión moral.