A partir del 1 de enero de 2026, las compras que millones de consumidores mexicanos realizan en plataformas de comercio electrónico como Temu o Shein serán más caras. El gobierno de México aplicará nuevos aranceles a productos importados desde países con los que no existe un tratado de libre comercio, una medida que impacta de manera directa a mercancías provenientes de China, principal origen de los artículos que se venden en estas plataformas.
La decisión fue formalizada mediante un decreto publicado en el Diario Oficial de la Federación por la presidenta Claudia Sheinbaum, con el que se modifican más de mil 400 fracciones arancelarias de la Ley de los Impuestos Generales de Importación y Exportación. Con estos cambios, las tasas aplicables a una amplia gama de productos oscilarán entre 10 y 35 por ciento, dependiendo del tipo de mercancía.
De acuerdo con el nuevo esquema, los juguetes, así como los artículos escolares y de oficina, enfrentarán un arancel de 30 por ciento. La ropa, el calzado y los maquillajes estarán sujetos a una tasa de 25 por ciento, mientras que los artículos de limpieza, las sandalias y el calzado con puntera metálica tendrán el gravamen más alto, de 35 por ciento. En el sector industrial, autopartes, motores pequeños, radiadores y otros componentes automotrices pagarán un arancel de 25 por ciento, en tanto que ciertos accesorios eléctricos específicos quedarán en el nivel mínimo de 10 por ciento.

El impacto de estas medidas se sentirá de manera directa en el precio final que pagan los consumidores, especialmente en las compras de bajo costo que han hecho populares a plataformas de origen asiático. Hasta ahora, buena parte de estos productos ingresaban al país con cargas fiscales reducidas o inexistentes, lo que les permitía competir con ventaja frente a fabricantes y comercios nacionales.
El objetivo oficial del gobierno federal es fortalecer la producción nacional, reducir la dependencia de importaciones de países sin acuerdos comerciales y aumentar la recaudación fiscal. Desde el Ejecutivo se ha argumentado que la política arancelaria busca equilibrar las condiciones de competencia para la industria mexicana, particularmente en sectores sensibles como el textil, el calzado y algunos ramos manufactureros.

No obstante, la propia autoridad reconoce que la medida podría tener efectos colaterales. Existe preocupación por un posible impacto en la inflación, sobre todo en productos de consumo cotidiano, así como en distintas cadenas productivas que dependen de insumos importados. Para atender estos riesgos, el decreto prevé que la Secretaría de Economía pueda autorizar excepciones en casos específicos, con el fin de garantizar el abasto de mercancías esenciales o estratégicas.
En el plano internacional, el ajuste arancelario ocurre en un contexto de creciente tensión comercial. China, principal afectado por la decisión, ya había manifestado su inconformidad semanas atrás, al considerar que las nuevas barreras pueden afectar el intercambio comercial y las inversiones. Aunque México no tiene un tratado de libre comercio con el país asiático, China se ha consolidado como uno de sus principales socios comerciales en términos de importaciones.

Con la entrada en vigor de estos aranceles en 2026, el comercio electrónico transfronterizo enfrentará un nuevo escenario. Para los consumidores, el atractivo de los precios ultrabajos comenzará a diluirse; para el gobierno, se abre una apuesta por proteger la industria nacional y reforzar las finanzas públicas, aun a costa de encarecer productos que se han vuelto parte del consumo cotidiano de millones de personas.