La industria maquiladora de Baja California enfrenta lo que podría ser su momento más crítico en casi tres décadas, marcada por una pérdida de empleo que ha generado preocupación en el ámbito económico regional y nacional. De acuerdo con las cifras más recientes del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), entre agosto de 2023 —cuando se registró el punto más alto de empleo— y noviembre de 2025, las plantas manufactureras de exportación en la entidad han visto desaparecer 36 mil 212 puestos de trabajo, un retroceso sin precedentes en el periodo moderno de la industria maquiladora.
Este desplome ocurre en un contexto de profundas transformaciones estructurales y tensiones económicas tanto internas como externas. Representantes empresariales del sector han señalado que los sucesivos incrementos al salario mínimo y la iniciativa para instaurar una jornada laboral de 40 horas semanales han generado costos adicionales que, combinados con otras presiones, han trastocado los planes de contratación y operatividad de las maquiladoras en la frontera norte.

Pero no son las únicas fuerzas en juego. La automatización de procesos productivos y la incorporación acelerada de tecnologías como la inteligencia artificial están reconfigurando los perfiles laborales dentro de las líneas de producción, reduciendo la necesidad de mano de obra tradicional y desplazando empleos hacia funciones más especializadas o incluso eliminándolos. Este fenómeno tecnológico ha coincidido con un clima de incertidumbre arancelaria por parte de Estados Unidos, el principal socio comercial de México, lo que ha añadido otra capa de complejidad para las decisiones de inversión y empleo en las maquiladoras.
Los efectos fiscales también han pesado. La carga impositiva tanto a nivel federal como estatal ha sido señalada por actores del sector como un factor que ha contribuido a la desaceleración económica. Esta situación podría agravarse con la próxima publicación de indicadores económicos del propio INEGI a finales de enero de 2026, que algunos analistas interpretan como posibles señales de entrada en un periodo de recesión más amplio en la economía bajacaliforniana.

Al cierre de noviembre de 2025, las constantes bajas en la plantilla laboral han dejado a la industria maquiladora con 347 345 trabajadores, muy por debajo de los niveles históricos de empleo formal que el sector solía sostener como uno de los pilares del mercado laboral en la región fronteriza. Esta erosión en el empleo formal está empujando a un número creciente de personas hacia la economía informal, con todas las implicaciones sociales y económicas que ello conlleva, incluyendo menor acceso a seguridad social y prestaciones laborales.
Este escenario se inscribe en tendencias más amplias observadas a nivel nacional en las estadísticas del programa IMMEX —que agrupa a la industria manufacturera, maquiladora y de servicios de exportación— donde las cifras muestran contracciones sostenidas en la ocupación en varios estados industriales. A nivel nacional, la tendencia apunta a un sector que, tras meses de tensiones comerciales y ajustes internos, continua con ajustes en sus niveles de empleo.

La crisis del empleo maquilador en Baja California no es un fenómeno aislado; es la expresión de un sector que se debate entre los retos de la globalización económica, la modernización tecnológica, la realidad fiscal interna y las políticas laborales emergentes. Para miles de familias que dependen de estos empleos, cada recorte significa un golpe directo a su estabilidad y perspectivas, mientras que para la economía regional representa uno de los desafíos más severos de los últimos años.
En este entorno, las voces del sector productivo, laboral y político coinciden en la necesidad de replantear estrategias que permitan no sólo detener la caída del empleo, sino reconstruir un modelo competitivo y sostenible que vuelva a posicionar a Baja California como un nodo industrial dinámico y generador de oportunidades laborales.