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Ultraderechista José Antonio Kast arrasa y gana la presidencia en Chile

Estas son algunas de las propuestas más polémicas de José Antonio Kast, quien se impuso en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, obteniendo aproximadamente el 58 % de los votos frente al 42 % de la candidata de izquierda Jeannette Jara
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En una jornada inédita para la historia política de Chile, el ultraderechista José Antonio Kast se impuso de manera arrolladora en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, obteniendo aproximadamente el 58 % de los votos frente al 42 % de la candidata de izquierda Jeannette Jara. La diferencia de casi 20 puntos porcentuales consolida una de las victorias más amplias en una elección presidencial desde la restauración de la democracia en 1990 y marca un giro definitorio del país hacia la derecha política. Kast, líder del Partido Republicano, asumirá la Presidencia el 11 de marzo de 2026 en reemplazo de Gabriel Boric, cerrando un ciclo de gobiernos progresistas y encendiendo expectativas y resistencias tanto al interior como fuera de Chile.

José Antonio Kast, abogado de 59 años, se convierte así en el primer presidente electo que ha expresado abiertamente su admiración por aspectos de la dictadura de Augusto Pinochet, un hecho que reconfigura el imaginario político nacional tras tres décadas de gobiernos civiles alternados entre la centroizquierda y la centroderecha. Kast, un católico conservador y padre de nueve hijos, inició su carrera política como concejal y diputado antes de fundar el Partido Republicano, desde donde ha impulsado un discurso de mano dura contra la delincuencia, una fuerte política migratoria y un giro hacia políticas económicas de mercado liberal. Su trayectoria ha estado marcada por declaraciones que reavivan sensibilidades históricas: apoyó públicamente el plebiscito de 1988 que extendió el régimen militar y ha afirmado en varias ocasiones que “si Pinochet estuviera vivo votaría por mí”, una postura que ha generado críticas de organismos de derechos humanos y sectores progresistas.

La campaña que culminó este domingo se centró en torno a la percepción ciudadana de crisis de seguridad, aumento de la criminalidad y presión migratoria irregular, temas que Kast explotó con eficacia. Su programa electoral, enmarcado bajo la promesa de restaurar “orden y esperanza”, incluye medidas profundamente polémicas que apuntan a endurecer el control de fronteras y reformar el sistema de justicia. Entre las propuestas más controvertidas figura la deportación de miles de migrantes indocumentados —principalmente venezolanos— con exigencia de que estos paguen sus propios vuelos de retorno, así como la construcción de barreras físicas y cortafuegos en el norte del país para detener el flujo irregular desde Perú y Bolivia. Kast ha defendido además la expansión de prisiones de máxima seguridad, la ampliación de las facultades policiales y estrategias de castigo severo contra bandas criminales.

Además de sus propuestas en materia de orden público y migración, el presidente electo ha planteado una agenda económica alineada con el liberalismo: reducción del gasto público, simplificación y rebaja de impuestos corporativos, y una crítica abierta a la intervención estatal en sectores productivos y sociales. En el campo social, sus posiciones conservadoras también han estado en el centro del debate: se ha pronunciado en contra del aborto —inclusive más allá de las excepciones actualmente vigentes en la legislación chilena— y del matrimonio igualitario, defendiendo la “familia tradicional” como eje de su visión de sociedad. Kast rechaza además políticas ambientales que implican regulación fuerte, cuestionando en varios momentos la gravedad del cambio climático y su origen antropogénico.

La victoria de Kast produce reacciones encontradas: líderes de la derecha latinoamericana celebraron el triunfo como un avance en defensa de la propiedad privada y la seguridad, mientras voces críticas en la región califican la elección de regresión autoritaria y expresan preocupación por el legado de derechos civiles y libertades conquistadas desde la dictadura. En Chile, analistas advierten sobre los desafíos de gobernabilidad que enfrentará Kast, dado que su partido no cuenta con mayoría en el Congreso, lo que podría obligarlo a negociar con diversas fuerzas políticas para impulsar su agenda.

La elección de José Antonio Kast no sólo redefine la política chilena, sino que también se inscribe en un contexto más amplio de reacomodos ideológicos en América Latina, donde fenómenos de derecha han ganado fuerza en varios países en los últimos años. El nuevo presidente electo asume con un mandato claro de la ciudadanía —según los analistas, alimentado por la ansiedad social frente a la inseguridad y la migración— y con un desafío monumental: equilibrar sus promesas de mano dura con las complejidades de un país plural y una institucionalidad democrática que ha buscado distanciarse de su pasado autoritario.

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