Carlos Alberto Lazo tenía claro, desde muy joven, que lo suyo no era la electricidad como su padre ni la medicina como su hermano. “Mi vocación es ayudar, servir, tratar de solucionar problemas desde la comunidad”, dice en entrevista con EnBoga, con una convicción que no parece ensayada, sino construida a lo largo de 20 años de trabajo político y social en Guadalupe, Nuevo León. A sus 40 años, este político regiomontano carga una frase que le dijo su padre y que lo marcó desde el inicio y que, asegura, guía cada uno de sus pasos: “Va a llegar un momento en que vas a manejar mucho dinero, pero acuérdate que ese dinero es de la gente y la gente está suficientemente jodida como para que lleguemos nosotros y los jodamos más”, por lo que concluye: “Uno viene al servicio público a servir, no a servirse”.
El recuerdo de 1994, año que sacudió la vida política del país, fue para él una especie de despertar temprano. Mientras su padre seguía con intensidad el proceso electoral, Carlos comenzaba a involucrarse en las dinámicas escolares: presidente de salón en primaria, integrante de mesas directivas en secundaria, preparatoria y universidad. No lo describe como una estrategia de carrera, sino como una inclinación natural. “Siempre estuve en la política, es mi vocación, simplemente necesitaba encontrar el camino”, afirma.
Formado políticamente durante 17 años en el Partido Acción Nacional, instituto al que renunció en 2023, Lazo decidió dar un giro y sumarse a Movimiento Ciudadano, convencido —según explica— de que desde ahí podría defender con mayor claridad las causas sociales que había impulsado desde la sociedad civil. Su nombre comenzó a sonar con mayor fuerza tras haber sido precandidato a diputado federal por el distrito 11 de Guadalupe en 2024. “Yo empezaba diciendo: ‘Soy Carlos Lazo y a lo mejor no me conoces, pero te puedo asegurar que no sabes cómo se llama tu diputado federal hoy’”. La frase no era provocación gratuita, sino diagnóstico: un reclamo a la distancia entre representantes y representados.

Antes que aspirante, activista
Antes que aspirante, Lazo se asume activista. Como presidente de la asociación civil Enlazando Acciones ha impulsado programas comunitarios que, más que grandes estructuras, parten de la organización vecinal. “Operación Croquetas” nació al recorrer las colonias populares de Guadalupe y constatar la cantidad de perros abandonados. La dinámica fue simple: recolectar alimento, instalar comedores en parques con el apoyo de vecinos y, a partir de ahí, generar conexiones con personas que establecieran la confianza con los animales para vacunarlos y promover su adopción. No se trataba solo de alimentar perros, explica, sino de reconstruir pequeños lazos de responsabilidad colectiva.
La experiencia más personal llegó en casa. Cuando su hijo, de apenas tres años, comenzó a hacer una larga lista de regalos navideños, Lazo decidió que era momento de mostrarle otra realidad. Así surgió “Operación Feliz Navidad”. La iniciativa, que cumplió diez años, parte de un dato que lo marcó: en México, alrededor del 50 por ciento de los niños no recibe un regalo en Navidad. El proyecto ha logrado repartir cientos de juguetes cada año —500 en su última edición— acompañados de eventos en colonias vulnerables. “Quiero que mi hijo entienda que no todos viven en la misma condición que él”, relata.
Más recientemente puso en marcha “Operación Despensa”, luego de que amigos le donaran alimentos no perecederos. Las primeras 30 despensas se asignaron tras revisar cientos de solicitudes. En marzo la cifra se duplicó a 60, y su intención es seguir ampliando el apoyo en la medida en que lleguen más donativos. Lazo no rehúye mostrar estas acciones en redes sociales, pese a críticas que lo acusan de buscar reflectores. “Desde que publico estas cosas, llega más gente queriendo ayudar. Estamos acostumbrados a ver solo noticias malas. Somos más los buenos, pero nos quedamos callados”, sostiene.
Aspiración al Congreso
Su eventual aspiración al Congreso local se apoya, dice, en esa experiencia territorial. En Guadalupe identifica problemas concretos: vialidades deterioradas tras décadas de abandono, inseguridad cotidiana en colonias, necesidad de reforzar el tejido social y, particularmente en Nuevo León, las condiciones extremas de calor en las escuelas. “No es posible que haya niños en salones a 38 o 40 grados. Un niño incómodo no puede aprender”, subraya.
Otra de sus banderas es la donación de órganos. Durante su etapa como asesor legislativo impulsó la idea de modificar el modelo actual para que todos los ciudadanos sean donadores por defecto, salvo que expresen lo contrario. México —recuerda— mantiene una de las tasas más bajas de donación en comparación con otros países, mientras miles de personas esperan un riñón, un corazón o un páncreas. “Es un problema que se puede resolver. Prefiero enfrentar el reto de tener que ampliar la infraestructura para conservar órganos, que seguir viendo gente morir en lista de espera”, afirma.

Afición al Atlante
Fuera de la política, Lazo conserva una pasión que lo acompaña desde la infancia: el futbol. Se declara atlantista desde que su ídolo, Jorge Campos, pasó de los Pumas al Atlante en los años noventa. Recuerda aquel equipo campeón de la temporada 1992-1993 como parte de su memoria formativa. “Ya tengo tantas playeras que me sale muy caro cambiar de equipo”, bromea. Tras 14 años en divisiones inferiores, celebra el regreso del club a la máxima categoría como si se tratara de una metáfora personal: volver a primera, sin importar contra quién sea el primer partido.
Al final de la conversación, el mensaje que deja es menos partidista que cívico. Pide a los ciudadanos evaluar perfiles más allá de siglas, elegir representantes que conozcan y puedan nombrar, exigir resultados y no resignarse a la mediocridad. “El país que tengamos depende de todos y cada uno de nosotros. Lo definimos con nuestro voto”, dice.

En tiempos donde la desconfianza hacia la clase política es alta y los escándalos de corrupción son frecuentes, Carlos Lazo insiste en que la diferencia puede estar en recuperar esa lección básica aprendida en casa: distinguir entre lo que está bien y lo que está mal. Y, sobre todo, no olvidar que el dinero y el poder, cuando llegan, no son para beneficio propio, sino una responsabilidad frente a una sociedad que, como le recordó su padre, ya ha pagado demasiado.