En medio de la antesala de uno de los ciclos electorales más decisivos de los últimos años —la elección intermedia de 2027, donde se renovarán 17 gubernaturas, 300 diputaciones federales, más de 600 legislaturas locales y más de 2 mil ayuntamientos— Movimiento Ciudadano (MC) ha delineado una ruta estratégica que marca distancia con los esquemas tradicionales de alianzas partidistas y redefine su apuesta política para los próximos desafíos nacionales. El coordinador nacional de MC, Jorge Álvarez Máynez, fue tajante al instruir que el partido “naranja” no participará en coaliciones a nivel federal, decisión que, según explicó en entrevista con MILENIO, responde a una lógica estatutaria y a la necesidad de consolidar una identidad propia frente al electorado que le ha dado su confianza en procesos recientes.
La decisión de descartar alianzas federales con otros institutos políticos se apoya, en palabras de Álvarez Máynez, en la convicción de que el partido ya “pagó el costo de la diferenciación” y está preparado para recoger los beneficios de una estrategia que, desde 2024, busca distinguir a MC de las fuerzas políticas que él caracteriza como parte de la vieja política. Esta postura implica no sólo una estrategia electoral, sino una reivindicación de principios que, según el dirigente, el electorado ha respaldado al ver en MC “una alternativa distinta” a la representada históricamente por partidos como el PRI.

Este rechazo explícito a las coaliciones federales también incluye un cierre de puertas al diálogo impulsado por actores dentro de su propio movimiento, como Eliseo Fernández, secretario de Gestión Nacional de MC, quien había planteado la posibilidad de acercamientos incluso con el PRI “para ir juntos”. Álvarez Máynez advirtió que tal posibilidad podría generar “confusiones” al interior del partido y diluir la percepción de MC como fuerza política independiente, especialmente en estados como Campeche, donde la fuerza naranja obtuvo uno de sus más altos niveles de votación precisamente por contrastarse con figuras del PRI, cuyo entonces dirigente nacional y exgobernador de Campeche, Alejandro Moreno, enfrenta alto rechazo social.
La decisión no implica, sin embargo, un hermetismo absoluto frente a otras fuerzas políticas a nivel local. Álvarez Máynez abrió la puerta a “diálogos maduros” con partidos regionales en contextos específicos, citando ejemplos como el Partido Sonorense y Morelos Progresa, lo que refleja una estrategia más flexible en lo local sin comprometer la estrategia general en lo federal. Esta dualidad sugiere que MC busca conservar autonomía a nivel nacional mientras explora alianzas tácticas en ámbitos territoriales donde pueden converger intereses o necesidades electorales sin comprometer su marca política.

Desde el entorno opositor más amplio, la postura de MC rompe con las viejas recetas de las alianzas amplias que caracterizaron procesos pasados como “Va por México”. El PRI y el PAN, enfrentados a sus propios dilemas internos sobre cómo articularse ante la creciente hegemonía de Morena, han explorado distintos modelos de cooperación, algunos de los cuales incluyen conversaciones con MC. Pero fuentes y análisis políticos nacionales señalan que tanto PAN como PRI han optado por caminos divergentes, con el primero manteniendo una postura más cauta frente a alianzas amplias y el tricolor insistiendo en propuestas de coalición que ahora chocan con el rechazo frontal de MC.
La estrategia de MC está alineada con una narrativa más ambiciosa: no sólo consolidarse como una fuerza determinante en la próxima elección intermedia, sino construir las bases de una alternativa viable para la presidencia en 2030. Álvarez Máynez subrayó que el partido llega “con optimismo, pero con los pies en la tierra”, convencido de que el descontento con gobiernos locales de Morena y con la política tradicional abrirá espacio para crecer electoralmente y, eventualmente, disputar la primera magistratura de la República. Esta narrativa se sustenta en encuestas que ubican a MC como una de las fuerzas con mayores porcentajes de intención de voto en escenarios legislativos, superando incluso en algunas mediciones al PRI y al PAN como opciones de oposición.
Morena le teme al SOMBRERO. pic.twitter.com/mNHcYrfR2d
— Gustavo Macalpin (@GustavoMacalpin) January 27, 2026
La apuesta de independencia total de Movimiento Ciudadano hacia 2027 representa, en síntesis, una redefinición del juego político opositor: menos alianzas y más marca propia, con una lectura estratégica que busca capitalizar el rechazo ciudadano hacia las élites tradicionales y posicionarse como la opción renovadora para un electorado exigente y desencantado. La distancia con partidos como el PRI —tildado implícita y explícitamente como símbolo de la vieja política— no sólo es táctica, sino también un intento de redefinir identidades y expectativas en un México donde la política de coaliciones pierde brillo ante promesas de alternativas auténticas.