Un grupo de investigadoras del Instituto Politécnico Nacional (IPN) logró documentar por primera vez la presencia de nano y microplásticos en el organismo de mexicanos. El estudio, realizado en una comunidad de Oaxaca, encontró estas partículas en muestras de sangre y orina del 100 por ciento de los participantes, abriendo una nueva línea de investigación sobre la exposición cotidiana a este contaminante.
La investigación fue encabezada por la doctora Laura Arreola Mendoza, del Centro Interdisciplinario de Investigaciones y Estudios sobre Medio Ambiente y Desarrollo (CIIEMAD). El equipo analizó 10 tipos de polímeros plásticos en 98 habitantes de Corralero, municipio de Pinotepa Nacional, Oaxaca. Se trata del primer trabajo a nivel mundial que examina de manera simultánea sangre y orina para entender cómo se comportan estas partículas una vez que ingresan al cuerpo.
Los resultados, publicados en la revista científica Environmental Pollution, muestran que más del 70 por ciento de las partículas identificadas en sangre corresponden a fibras. En la orina, en cambio, se observó una proporción más equilibrada entre fibras y fragmentos. Uno de los hallazgos que más llamó la atención de las investigadoras fue el comportamiento del nylon N66: su presencia fue casi cinco veces mayor en sangre que en orina, lo que plantea la posibilidad de que este material se retenga más tiempo en el organismo.
También se detectaron polímeros como el NBR, asociado al caucho de las llantas, y poliestireno, material presente en envases desechables y otros productos de uso diario. Las investigadoras advierten que estas partículas no solo circulan en el cuerpo, sino que pueden actuar como vectores de otros contaminantes, incluidos metales con potencial carcinógeno.
Ponerse uñas de acrílico o calentar comida en tuppers, son unas de las infinitas formas en las que los #microplásticos están ingresando a nuestros cuerpos. Un estudio del #IPN reveló la primera evidencia científica sobre la presencia de estas partículas en mexicanos: pic.twitter.com/WRms5TdXnH
— Nacho Lozano (@nacholozano) September 29, 2026
El estudio no se detiene en la simple detección. Arreola Mendoza explica que la pregunta científica ya no es si los microplásticos están presentes en el ser humano —eso ya se había confirmado en otras investigaciones—, sino cómo se distribuyen, cuánto tiempo permanecen y qué efectos pueden generar a largo plazo. Por eso el trabajo combina ambas matrices biológicas: la sangre refleja lo que circula en el momento y la orina ofrece pistas sobre lo que el cuerpo intenta eliminar.
La exposición a estos materiales es prácticamente inevitable. Actividades tan comunes como calentar comida en recipientes de plástico, usar uñas de acrílico, lavar ropa sintética o respirar aire en ciudades con alto tráfico vehicular contribuyen a la entrada de estas partículas al organismo. En una comunidad rural de Oaxaca, lejos de los grandes centros urbanos, el hallazgo resulta especialmente significativo porque sugiere que la contaminación por plásticos ya alcanza incluso zonas con menor densidad industrial.
Hasta ahora no existen conclusiones definitivas sobre los daños a la salud. Sin embargo, la detección en el 100 por ciento de las muestras analizadas refuerza la necesidad de estudiar con mayor profundidad este fenómeno. El trabajo del IPN, realizado en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de Barcelona, coloca a México en la frontera de la investigación global sobre micro y nanoplásticos en humanos.
Mientras los científicos continúan indagando, el mensaje para la población es claro: reducir el uso de plásticos de un solo uso y evitar prácticas que faciliten la liberación de estas partículas puede ayudar a limitar la exposición. El estudio de Corralero no solo documenta un problema invisible, sino que invita a repensar la relación cotidiana con un material que, aunque útil, ya forma parte de nuestros cuerpos.