La Secretaría de Educación Pública (SEP) dio a conocer esta semana su plan para ampliar de forma significativa la cobertura de la educación media superior mediante la creación de 130 “ciber-bachilleratos” —también descritos en diversos comunicados oficiales como “bachilleratos modulares” o “telebachilleratos modernizados” para 2026— sumados a 20 nuevos planteles tecnológicos y decenas de ampliaciones y reconversiones de escuelas.
En el marco de su estrategia nacional de expansión educativa, que busca garantizar 65 400 nuevos lugares para estudiantes de bachillerato el próximo año. La meta —según las autoridades— es acercar la preparatoria a más jóvenes, especialmente en zonas rurales o en municipios con baja oferta, para cumplir con el objetivo de alcanzar una cobertura nacional del 85 % en educación media superior hacia 2030.
Según el planteamiento oficial, estos “ciber-bachilleratos” representan una evolución del antiguo modelo de Telebachillerato Comunitario (TBC), un esquema diseñado originalmente para llevar la educación media superior a comunidades pequeñas con escasa oferta educativa. Sin embargo, en muchos de esos planteles —a lo largo del país— se han señalado deficiencias estructurales, limitaciones de infraestructura, falta de recursos materiales, precariedad docente y dificultades para ofrecer actividades básicas como educación física, arte o comunidad en condiciones dignas.

Ante ese antecedente, las autoridades argumentan que el nuevo modelo modular estará dotado de infraestructura adecuada: conectividad a internet, aulas de cómputo, espacios para actividades culturales, deportivas y formativas, lo que busca ofrecer una educación más integral y atractiva para los jóvenes, en lugar de limitarse a las carencias del pasado.
Para 2025, la SEP ya concretó 88 acciones: la construcción de 20 nuevos planteles de bachillerato, 33 ampliaciones y 35 reconversiones de secundarias para operar como preparatorias vespertinas, lo que representa 44 685 nuevos espacios, equivalentes al 37 % de la meta trazada para este año. Aunado a ello, el programa prevé que en 2026 entren en operación los 130 ciber-bachilleratos, 52 ampliaciones adicionales y los 20 nuevos bachilleratos tecnológicos.
Las autoridades han señalado que esta expansión atenderá, preferentemente, a municipios identificados como estratégicos: zonas de alta marginación, localidades con saturación o ausencia de oferta de bachillerato en un radio razonable, así como regiones con comunidades indígenas o de difícil acceso. De acuerdo con la SEP, este plan es parte del programa para garantizar que la educación media superior sea “la escuela cerca de tu casa”.

No obstante, la transformación del TBC —o de su variante “ciber-bachillerato”— representa un reto considerable: durante años el modelo ha sido señalado por insuficiente infraestructura, precariedad en la modalidad de contratación docente, escasez de recursos e inequidades según la entidad federativa. Para cumplir con los nuevos estándares anunciados, será necesario que la SEP garantice no sólo la edificación de espacios físicos y la conectividad, sino también recursos humanos capacitados, presupuesto permanente y condiciones dignas de operación.
En ese contexto, el anuncio genera expectativas entre estudiantes de comunidades rurales y zonas urbanas marginadas que hasta ahora carecían de oferta educativa de nivel medio superior cercana. De concretarse los “ciber-bachilleratos” con las condiciones prometidas, podría representar un paso hacia la reducción de la deserción, ampliar las oportunidades de acceso a la preparatoria y, eventualmente, abrir nuevas rutas de desarrollo educativo y profesional en comunidades tradicionalmente desatendidas.
Sin embargo, el éxito dependerá del seguimiento, la transparencia en la ejecución, la asignación adecuada de recursos y la garantía de que estos nuevos espacios respondan a las necesidades reales de los jóvenes. En un país donde la desigualdad educativa sigue siendo una barrera, la apuesta de la SEP es ambiciosa e invita al escrutinio ciudadano: solo así podrá medirse si los “ciber-bachilleratos” son —como anuncian— una puerta real de movilidad social, o si terminan siendo otra promesa más incumplida en el discurso sobre la equidad educativa.