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“40 horas no basta”: sindicatos se manifiestan el Senado y exigen 2 días de descanso

Cientos de trabajadores y líderes sindicales de diversos gremios protagonizaron este martes una protesta histórica frente al recinto del Senado de la República en la capital, en rechazo al dictamen de reforma constitucional para implantar una jornada laboral de 40 horas semanales que, advirtieron, podría convertir una conquista laboral en una simulación, mantener seis días de trabajo y no garantizar los dos días de descanso real que demandan desde hace años
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Cientos de trabajadores y líderes sindicales de diversos gremios protagonizaron este martes una protesta histórica frente al recinto del Senado de la República en la capital, en rechazo al dictamen de reforma constitucional para implantar una jornada laboral de 40 horas semanales que, advirtieron, podría convertir una conquista laboral en una simulación, mantener seis días de trabajo y no garantizar los dos días de descanso real que demandan desde hace años. La manifestación, convocada por el Frente Nacional por las 40 Horas y respaldada por sindicatos de mineros, pilotos, bomberos, universitarios, obreros y otros sectores, se da en el marco de la discusión legislativa que esta semana llevó la iniciativa al pleno de la Cámara alta después de ser aprobada en comisiones unidas.

Desde temprana hora, la puerta principal del Senado se convirtió en epicentro de consignas y reclamos. Con altavoces y un templete instalado frente al acceso, representantes sindicales reclamaron que la reducción de la jornada —aunque reconocida por algunos sectores como un avance histórico— carece de los elementos que permitirían traducirla en mejoras tangibles para millones de trabajadores mexicanos. “No basta con bajar el número de horas si no se garantiza el descanso real”, expresó Jesús Ortiz Álvarez, secretario general de la Asociación Sindical de Pilotos Aviadores de México (ASPA), cuestionando que el dictamen contemple únicamente un día de recuperación por cada seis de trabajo, cuando la demanda central de los trabajadores es poder descansar dos días plenos por semana.

La crítica no se limitó a los pilotos. Marco Antonio Chávez, integrante del Sindicato Nacional Minero, subrayó que, si bien la propuesta indica una reducción de la jornada semanal a 40 horas, lo que en los hechos mantiene un esquema cercano a la actual estructura de trabajo de seis días por uno de descanso, la falta de reconocimiento constitucional de dos días libres convierte la reforma en una “simulación”. Para Chávez, la iniciativa abre la puerta a la ampliación de jornadas a través de horas extra e introduce nociones de “flexibilidad laboral” que podrían ser aprovechadas por los empleadores en detrimento de los derechos de los trabajadores. “No nos vendan la flexibilidad como un acuerdo entre iguales”, sentenció durante su intervención.

Pese a que las comisiones unidas del Senado aprobaron el dictamen por unanimidad y lo remitieron al pleno para su votación, el rechazo sindical no se hizo esperar ni dentro ni fuera del recinto legislativo. Organizaciones como Bomberos de la Ciudad de México, la Unión Nacional de Trabajadores y agrupaciones universitarias también participaron en la protesta, acusando que el proceso de diálogo previo con la Secretaría del Trabajo y Previsión Social no incluyó verdaderamente sus propuestas, como lo señalaron los manifestantes, quienes reiteraron que los foros realizados no tradujeron sus exigencias en el texto del proyecto.

La ampliación de las horas extra permitidas —que pasarían de nueve a 12 semanales, distribuibles hasta en cuatro horas diarias— ha sido otro punto de tensión. Críticos de la reforma sostienen que, bajo este esquema, los empleadores podrán extender la jornada más allá de lo que la simple reducción de 48 a 40 horas parece proponer, afectando la calidad de vida y la salud de los trabajadores y, en algunos casos, manteniendo prácticas laborales cercanas a las que se pretendían corregir. Esta crítica sobre las horas extra también ha sido levantada por algunos legisladores de oposición durante los debates internos, que señalan que sin una garantía clara de descanso y límites estrictos a las horas extraordinarias, la reforma puede quedarse corta en sus efectos.

La demanda de los sindicatos y organizaciones sociales no se limitó a la protesta pública: una comisión de líderes intentó ingresar al Senado para entregar formalmente sus exigencias a los legisladores, sin embargo, ante la falta de interlocución concreta, decidieron retirarse sin poder ser recibidos. Frente a esto, Sara Arteaga, integrante del Frente Nacional por las 40 Horas, hizo un llamado directo a la presidenta Claudia Sheinbaum para que intervenga y oriente la reforma hacia un contenido que responda a las verdaderas necesidades de la clase trabajadora mexicana, calificando esta discusión como una de las más importantes del sexenio.

Las banderas rojas y las consignas que se escucharon afuera del Senado (“Trabajadores unidos jamás serán vencidos”, “De norte a sur, de este a oeste, ganaremos esta lucha cueste lo que cueste”) reflejan un descontento que va más allá de una sola reforma y que pone en el centro del debate nacional la pregunta sobre cómo se legislan y garantizan los derechos laborales en México. La protesta ha encendido el foco sobre la necesidad de precisar que una reducción formal de horas de trabajo vaya acompañada de verdaderos mecanismos de protección y descanso efectivo para quienes sostienen gran parte de la actividad productiva del país.

La iniciativa aún debe ser aprobada en el pleno del Senado y posteriormente ser remitida a la Cámara de Diputados, donde enfrentará un escrutinio definitivo. El resultado de este proceso legislativo será crucial no solo para los sindicatos y sus afiliados, sino para millones de trabajadores en todo el país que esperan que la reducción de la jornada laboral se traduzca en mejoras reales en su calidad de vida y condiciones de trabajo.

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