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Saskia Niño de Rivera cuestiona a AMLO por pedir donaciones para Cuba y exhibe contradicciones con las OSC en México

La activista Saskia Niño de Rivera criticó públicamente a Andrés Manuel López Obrador por solicitar donaciones para Cuba, señalando incongruencias con el trato que su gobierno dio a las organizaciones civiles en México y cuestionando la rapidez y condiciones de la nueva asociación promotora.
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La reciente reaparición pública de Andrés Manuel López Obrador ha generado una nueva polémica, esta vez fuera del terreno estrictamente político-electoral. Su llamado a donar recursos en favor de Cuba, bajo el argumento de una crisis humanitaria agravada por el bloqueo estadounidense, provocó una reacción inmediata de una de las voces más visibles del activismo social en México: Saskia Niño de Rivera, activista y fundadora de la organización Reinserta, dedicada a la reinserción social y a la atención de víctimas de violencia en México. Su trabajo la ha convertido en una de las voces más visibles en temas de sistema penitenciario, justicia y derechos humanos.

La fundadora de Reinserta no cuestionó únicamente el fondo del mensaje, sino el contexto en el que se produce. Su crítica apunta a una contradicción que, para muchos actores del sector social, no es menor: durante el sexenio de López Obrador, numerosas Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) en México enfrentaron recortes presupuestales, descalificaciones públicas y una narrativa institucional que las colocó bajo sospecha. Hoy, desde fuera del poder, el mismo personaje convoca a la solidaridad internacional mediante una asociación civil de reciente creación.

El contraste resulta inevitable. Mientras organizaciones mexicanas dedicadas a temas sensibles —como desapariciones, violencia o atención a víctimas— han tenido que operar con recursos limitados y procesos burocráticos largos, la asociación “Humanidad con América Latina” logró constituirse y obtener autorización como donataria en un tiempo inusualmente corto. Este hecho, señalado por Saskia Niño de Rivera, no implica por sí mismo una irregularidad comprobada, pero sí abre cuestionamientos legítimos sobre los criterios y tiempos institucionales que rigen a unas organizaciones frente a otras.

Otro punto central de la crítica gira en torno a las prioridades. Niño de Rivera pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué expresar un dolor público por la situación en Cuba cuando, desde su perspectiva, no hubo la misma apertura o cercanía con sectores vulnerables dentro del propio país? La referencia a madres buscadoras, víctimas de violencia y familias afectadas por la pandemia no es casual. Se trata de grupos que, durante años, han exigido atención, recursos y reconocimiento en medio de un entorno adverso.

A esto se suma un elemento adicional que ha generado inquietud: el posible riesgo para los donantes. Niño de Rivera advierte que, debido a la clasificación que Estados Unidos mantiene sobre el gobierno cubano, realizar transferencias podría implicar complicaciones bajo ciertas normativas internacionales. Más allá de la precisión técnica de este señalamiento, el simple hecho de que exista incertidumbre en torno a las implicaciones legales debería ser suficiente para exigir claridad y transparencia por parte de quienes promueven la iniciativa.

Por su parte, la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, ha respaldado públicamente la causa, incluso anunciando una aportación personal. Su postura se alinea con una tradición diplomática mexicana de apoyo a Cuba, apelando a la idea de fraternidad entre pueblos. No obstante, este respaldo también inserta el tema en el terreno político actual, ampliando el alcance del debate.

La crítica de Saskia Niño de Rivera, más allá de simpatías o diferencias ideológicas, cumple una función necesaria: recordar que la memoria pública existe y que las decisiones pasadas influyen en la legitimidad de las acciones presentes. En un país donde la confianza institucional es frágil, cualquier iniciativa que involucre dinero, causas sociales y figuras políticas debe sostenerse sobre bases claras, consistentes y transparentes.

El episodio, lejos de cerrarse, probablemente seguirá generando conversación. Y eso, en sí mismo, no es negativo. Porque en la discusión abierta —cuando se sostiene con argumentos y sin descalificaciones— se construye una ciudadanía más crítica y mejor informada.

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