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Universidades enfrentan aumento global de trastornos mentales entre jóvenes

De acuerdo con datos internacionales citados durante la sesión, uno de cada siete adolescentes presenta algún trastorno mental y el suicidio se mantiene entre las principales causas de muerte en personas de entre 15 y 29 años. Además, alrededor del 50 por ciento de los trastornos psiquiátricos se manifiestan por primera vez durante la adolescencia
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El incremento sostenido de trastornos mentales entre estudiantes se ha convertido en uno de los principales desafíos para las instituciones de educación superior a nivel mundial. Así lo advirtió el especialista Fernando Macedo Chagolla, quien señaló que las universidades enfrentan una creciente demanda de atención psicológica que en muchos casos supera los recursos disponibles, fenómeno que refleja la complejidad del contexto social y emocional que atraviesan las nuevas generaciones.

Durante la sesión titulada Adolescencia y juventud en crisis. Nuevos retos y oportunidades para su atención, organizada por El Colegio Nacional y la Unidad de Apoyo a la Salud Emocional y Psicológica de la Universidad Nacional Autónoma de México, especialistas en salud mental coincidieron en que la atención a jóvenes requiere estrategias integrales que combinen prevención, acompañamiento y acceso oportuno a servicios especializados.

El encuentro fue coordinado por la investigadora María Elena Medina-Mora, quien reunió a expertos como Fernando Macedo Chagolla, Benilde García Cabrero y Marcela Tiburcio Sainz, todos ellos con amplia trayectoria en el estudio de la salud mental y el desarrollo juvenil.

En su intervención, Macedo Chagolla —adscrito a la Secretaría de Servicio y Atención a la Comunidad de la UNAM— explicó que el incremento de la demanda de atención psicológica en la universidad es particularmente notable en los últimos años. De acuerdo con datos del sistema médico activo de la institución, las atenciones registradas pasaron de 51 mil 624 en 2022 a 191 mil 786 en 2024, lo que refleja una presión creciente sobre los servicios de salud emocional disponibles para la comunidad universitaria.

El especialista detalló que poco más del tres por ciento de la población estudiantil presenta síntomas considerados de riesgo, una cifra que obliga a reforzar las estrategias institucionales de prevención y acompañamiento. Además, indicó que el personal académico, administrativo y de base suele tener contacto directo con estudiantes que atraviesan episodios de crisis emocional, por lo que también requieren herramientas de autocuidado y capacitación para atender estas situaciones.

Según las mediciones internas de la universidad, los síntomas de depresión se presentan con mayor frecuencia en estudiantes de licenciatura que en niveles previos como el bachillerato, y desde 2021 se ha observado un aumento constante en los registros. Las mujeres, añadió, son quienes reportan con mayor frecuencia estos padecimientos, lo que coincide con tendencias observadas en diversos estudios internacionales sobre salud mental en jóvenes.

Para Macedo Chagolla, el vínculo entre bienestar emocional y rendimiento académico es directo. Las universidades, dijo, buscan ofrecer condiciones que permitan a los estudiantes desarrollar su potencial y mantenerse en sus trayectorias educativas, pero el deterioro de la salud mental amenaza con debilitar ese objetivo si no se fortalece la capacidad institucional de respuesta.

En la misma sesión, Medina-Mora abordó los factores sociales que inciden en la salud mental juvenil, entre ellos la transformación de los mercados de drogas ilícitas y la forma en que las organizaciones criminales han aprovechado las tecnologías digitales para expandir sus redes. De acuerdo con la especialista, estas organizaciones utilizan redes sociales y aplicaciones de mensajería instantánea para comercializar sustancias ilícitas, lo que reduce los riesgos para los vendedores y amplía el acceso para potenciales consumidores, incluidos jóvenes.

La académica también subrayó que fenómenos como la pobreza, la violencia y la migración forzada han incrementado la vulnerabilidad de amplios sectores de la población juvenil. Muchos de estos grupos, señaló, quedan expuestos a entornos donde el mercado de drogas ilícitas se diversifica y opera con mayor eficiencia.

Medina-Mora recordó además hallazgos de investigaciones sobre reclutamiento infantil por parte del crimen organizado, como las documentadas por la organización Reinserta. En dichos estudios se identifican diferentes roles asignados a menores según su edad: desde tareas de vigilancia e información en edades tempranas hasta la participación directa en delitos graves durante la adolescencia.

Estas condiciones, explicó, se relacionan con la aparición temprana de diversos trastornos mentales, entre los que destacan la ansiedad, la depresión mayor, las fobias específicas, el trastorno por estrés postraumático y el alcoholismo. Muchos de estos padecimientos emergen por primera vez en la infancia, la adolescencia o la adultez temprana, lo que refuerza la necesidad de concentrar las estrategias preventivas en los primeros años de vida.

Por su parte, Tiburcio Sainz, investigadora del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz, señaló que una de las principales dificultades para atender los problemas de salud mental radica en las barreras de acceso a los servicios especializados. Entre ellas se encuentran los costos de atención, la disponibilidad limitada de especialistas, los problemas de transporte y horarios, así como el estigma social que aún pesa sobre quienes buscan apoyo psicológico.

A estos obstáculos se suman creencias culturales de autosuficiencia que llevan a muchas personas a minimizar sus síntomas o a posponer la búsqueda de ayuda profesional, bajo la idea de que el problema desaparecerá por sí solo.

Frente a este panorama, Tiburcio Sainz destacó el potencial de la salud digital como herramienta para ampliar la cobertura de atención. Mediante tecnologías como la telepsicología a través de videollamadas o chats, es posible desarrollar programas de autoayuda y tratamientos basados en principios psicológicos que acompañen a los usuarios de forma remota.

Aunque estos métodos no sustituyen la atención clínica especializada en casos de dependencia o trastornos graves, sí pueden complementar el tratamiento y ofrecer apoyo a personas con síntomas depresivos, consumo riesgoso de sustancias o necesidades de orientación estructurada. Entre sus ventajas, explicó, se encuentra la disponibilidad permanente de atención y el desarrollo de plataformas diseñadas por expertos en salud mental.

Un ejemplo de estas iniciativas es el programa Mentalizarte, proyecto de divulgación del Instituto Nacional de Psiquiatría que busca informar a la población sobre los síntomas y características de distintos trastornos mentales mediante recursos digitales accesibles.

Finalmente, la investigadora García Cabrero centró su análisis en la adolescencia como una etapa clave del desarrollo humano que, pese a los desafíos que implica, también representa un periodo de enorme potencial creativo y transformador.

De acuerdo con datos internacionales citados durante la sesión, uno de cada siete adolescentes presenta algún trastorno mental y el suicidio se mantiene entre las principales causas de muerte en personas de entre 15 y 29 años. Además, alrededor del 50 por ciento de los trastornos psiquiátricos se manifiestan por primera vez durante la adolescencia.

La especialista subrayó que las emociones y la afectividad no pueden entenderse únicamente como procesos individuales, ya que están profundamente influidas por el contexto social, cultural y relacional en el que se desarrollan los jóvenes. En ese sentido, explicó que la ansiedad o el malestar emocional no siempre reflejan un problema interno del adolescente, sino que también pueden ser resultado de entornos incapaces de ofrecer contención y apoyo.

García Cabrero insistió en que la adolescencia no debe concebirse como una etapa inevitablemente caótica ni marcada por conflictos severos entre generaciones. Por el contrario, cuando existen relaciones de acompañamiento, validación y cuidado, esta fase del desarrollo puede convertirse en un periodo de crecimiento emocional y social.

En este contexto, destacó la importancia de programas de intervención temprana como el Programa de Ayuda para el Abuso de Drogas y Depresión, una herramienta digital basada en la entrevista motivacional que busca reducir el consumo de sustancias y mejorar el estado de ánimo de los usuarios. De igual forma mencionó la plataforma “Beber menos”, un programa gratuito en línea diseñado para ayudar a las personas a comprender sus patrones de consumo de alcohol y desarrollar estrategias para reducirlos o abandonarlos.

Las conclusiones del encuentro coincidieron en que la atención a la salud mental de adolescentes y jóvenes exige un enfoque multidisciplinario que combine políticas educativas, estrategias de prevención temprana y herramientas tecnológicas que permitan ampliar el acceso a la atención psicológica. En un contexto global marcado por crisis sociales, transformaciones tecnológicas y nuevas dinámicas de riesgo, las universidades se han convertido en uno de los espacios clave para enfrentar un problema que ya forma parte central de la agenda de salud pública.

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