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Venezuela y el cambio geopolítico mundial

Cuando un gobierno deja de garantizar derechos y se convierte en su principal violador (como se documentó por años en el caso de Venezuela), estamos ante una ruptura del orden jurídico internacional en su núcleo: la protección de los seres humanos. En ese contexto, sostener que las normas de autodeterminación deben prevalecer equivale a invertir el sentido del derecho internacional. Dichas normas no son fines en sí mismas; están subordinadas a un bien superior: la dignidad humana
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Opinión por: Luis Felipe García Chávez

Venezuela y el cambio geopolítico mundial

“Si usted no es venezolano y no sabe lo que es vivir 27 años bajo una tiranía, no ha perdido 22 lb de peso por las políticas económicas socialistas del régimen, no sabe qué es emigrar y tener años sin ver a su familia, no sabe qué es andar como un paria sin documentos, no ha vivido represión y tortura de sus seres queridos; sepa entonces que la superioridad moral es de muy mal gusto. De pésimo gusto, de hecho”. Circula en redes sociales.

Sobre el tema de Venezuela, muchos invocan -para emitir su opinión- al derecho internacional o la Doctrina Estrada, principio fundamental de la política exterior mexicana, formulado por Genaro Estrada en 1930 y que tiene como principio la libre autodeterminación de los pueblos, como si se tratara de una norma absoluta, insuperable moralmente para condenar la intervención de una potencia militar en el territorio de otro país.

Pero estas normas del derecho internacional que tienen la finalidad de proteger la dignidad humana de los habitantes de un estado y sus derechos fundamentales, no dependen de un régimen político y no pueden quedar suspendidos por razones de conveniencia geopolítica.

Cuando un gobierno deja de garantizar estos derechos y se convierte en su principal violador (como se documentó por años en el caso de Venezuela), estamos ante una ruptura del orden jurídico internacional en su núcleo: la protección de los seres humanos.

En ese contexto, sostener que las normas de autodeterminación deben prevalecer equivale a invertir el sentido del derecho internacional. Dichas normas no son fines en sí mismas; están subordinadas a un bien superior: la dignidad humana.

En ese escenario, la intervención extranjera en favor de una población subyugada no sólo puede ser legítima, sino necesaria.

Ahora bien, sin pecar de ingenuos y ser imparciales, cabe mencionar, más allá de la discusión legal, lo primero que se debe admitir es que existen intereses económicos y decenas de pretextos para la captura de Nicolás Maduro, el reto será que el pueblo venezolano sea el que elija democráticamente su próximo gobierno y la forma en que dispondrá, entre otras cosas, de sus amplias reservas petroleras.

El mundo espera que ningún pueblo sufra de nuevo los estragos de los malos gobiernos como el de Venezuela que, según la teoría del Foro de São Paulo, son producto de un pacto de diferentes líderes políticos, para financiar y agrupar a partidos de izquierda en América Latina y el Caribe, formando un organismo clandestino que coordina y ejecuta un plan maestro para tomar el poder en toda la región.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Enboga.

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