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Sarampión: un error fatal del sistema

Desde distintos frentes políticos se ha pedido reforzar la estrategia preventiva. Legisladores y voceros de Movimiento Ciudadano han insistido en que el repunte evidencia la necesidad de campañas más amplias, mejor distribución de vacunas y seguimiento puntual a esquemas incompletos. Más allá del debate partidista, el punto central coincide con especialistas: la prevención debe ser constante, no reactiva. En salud pública, la prevención no es sólo una política: es un compromiso colectivo.
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Opinión por: Luis Felipe García Chávez

Sarampión: un error fatal del sistema


“La mayor de las locuras es sacrificar la salud por cualquier otro tipo de felicidad.”

Arthur Schopenhauer, filósofo alemán.

La reaparición del sarampión en México no es sólo un dato epidemiológico: es ahora una señal de alerta ―originada por fallas y decisiones hacia la correcta aplicación de una política pública en materia sanitaria―, que se traduce, negativamente, en forma de brecha en cobertura, rezago institucional y genera decesos eventualmente.

El sarampión es ―o era― hasta hace unos años una enfermedad prevenible con vacuna, y cuando reaparece en nuestro continente, hace que seamos los líderes en su brote, toda vez que según cifras de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), tenemos en 2025 6 428 casos, casi la mitad de los 14 891 registros. 

Se ha demostrado que los grupos más afectados son niños pequeños. Los reportes muestran mayor incidencia en menores de un año, seguido por niñas y niños de uno a cuatro y luego de cinco a nueve. Es decir: la mayoría de los casos graves corresponde a menores nacidos entre 2017 y 2025, un periodo que coincide con la administración de Andrés Manuel López Obrador y el inicio del gobierno de Claudia Sheinbaum.

Ese dato no significa que la responsabilidad recaiga en un solo actor o momento, pero sí obliga a revisar si los sistemas de vacunación mantuvieron la cobertura necesaria.

Para enfermedades altamente contagiosas como el sarampión, la inmunidad colectiva exige niveles superiores al 95 % de población protegida. Cuando esa barrera baja, el virus encuentra camino.

Desde distintos frentes políticos se ha pedido reforzar la estrategia preventiva. Legisladores y voceros de Movimiento Ciudadano han insistido en que el repunte evidencia la necesidad de campañas más amplias, mejor distribución de vacunas y seguimiento puntual a esquemas incompletos. Más allá del debate partidista, el punto central coincide con especialistas: la prevención debe ser constante, no reactiva.

En salud pública, la prevención no es sólo una política: es un compromiso colectivo.

Y si no, que digan lo contrario.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Enboga.

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