La Secretaría de Educación Pública (SEP) designó a Nadia López García como nueva titular de la Dirección General de Materiales Educativos (DGME), con efectos a partir del 16 de febrero de 2026. El anuncio, hecho por el titular de la SEP, Mario Delgado Carrillo, no sólo representa un nombramiento técnico dentro del organigrama educativo, sino la llegada de una pedagoga y poeta indígena cuya vida y obra simbolizan, para muchos, las tensiones y las esperanzas de la educación pública en México.
López García, licenciada en Pedagogía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) con especializaciones en política educativa, materiales educativos, comunicación educativa y educación intercultural, no es una funcionaria más. Su trayectoria es profundamente simbólica: hija de jornaleros agrícolas originarios de Oaxaca, hablante de lengua mixteca (Ñuu Savi) y educada en contextos bilingües y multigrado, encarna el puente entre comunidades históricamente marginadas y la institucionalidad educativa. Su propia experiencia de movilidad durante la infancia —entre Tlaxiaco y los campos agrícolas de San Quintín, Baja California— la sensibilizó tempranamente sobre las desigualdades y las barreras que enfrentan las niñas y los niños en contextos rurales y migrantes, un tema que ahora plantea como eje central de su gestión.
La vida académica y creativa de López García va de la mano. Autora de once libros traducidos a diez idiomas —entre ellos inglés, francés, árabe, hindi, bengalí y chino—, su producción literaria ha sido reconocida con premios de prestigio como el Premio Mesoamericano de Poesía Luis Cardoza y Aragón, el Premio a la Creación Literaria en Lenguas Originarias Cenzontle y varias distinciones enfocadas en juventud y literatura infantil. Su obra no es ajena a las aulas: algunos de sus poemas han sido incluidos en los Libros de Texto Gratuitos, dando voz poética a estudiantes que rara vez se ven representados en los contenidos oficiales.

Pero más allá de los logros personales, el nombramiento de López García obedece, según Delgado Carrillo, a una intención explícita de reorientar la producción de materiales educativos hacia enfoques humanistas, inclusivos, interculturales y con perspectiva de género, pilares de la llamada Nueva Escuela Mexicana (NEM). Entre los retos que asume al frente de la DGME está responder a demandas que han emergido con fuerza en la agenda educativa contemporánea: el reconocimiento de las contribuciones de las mujeres en la historia, la incorporación de materiales en lenguas indígenas, y la ampliación de recursos adaptados a diversidades funcionales, como formatos en macrotipo y braille. Estos objetivos no son meras consignas, sino demandas sociales explícitas desde distintos sectores de la sociedad civil, académicos y comunidades educativas, que han señalado durante años la ausencia de recursos que reflejen la pluralidad cultural del país.
La propia trayectoria de López García alimenta la expectativa de que estos objetivos no queden en el ámbito retórico. Su experiencia práctica en diseño de materiales pedagógicos, formación docente y promoción de la lectura la ha colocado en diálogo con escuelas multigrado —una modalidad que agrupa a casi la mitad de las instituciones públicas del país y que hasta ahora ha carecido de materiales pedagógicos específicos— y con proyectos de mediación lectora colaborativos con diversas instituciones académicas y culturales. La perspectiva que aporta, construida desde los márgenes educativos hacia los centros de decisión, fortalece la idea de que los materiales educativos deben ser herramientas vivas que respondan a las realidades locales y no simples productos estandarizados.
Previo a este nombramiento, López García fungió como Coordinadora Nacional de Literatura en el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), donde impulsó iniciativas dirigidas a juventudes, diversidades y encuentros nacionales de escritoras indígenas y afromexicanas. Fue allí donde consolidó proyectos de acceso libre a materiales de lectura que buscaban democratizar la literatura y ampliar los imaginarios culturales disponibles para públicos tradicionalmente excluidos. Esta experiencia institucional, combinada con su trabajo comunitario y académico, ofrece un perfil inusual dentro de los cuadros directivos del sistema educativo: el de una intelectual pública comprometida con la justicia educativa y cultural.
La SEP, en su comunicado, también aprovechó para reconocer la labor de Marx Arriaga Navarro al frente de la DGME, señalando la continuidad de un compromiso institucional por consolidar materiales que refuercen el derecho a una educación pública, gratuita, científica y humanista. Sin embargo, la llegada de López García parece marcar una inflexión cualitativa, más que meramente administrativa, en la manera de concebir estos materiales.
El reto es enorme. La producción y distribución de materiales educativos en un país tan diverso como México implica comprender y articular mundos lingüísticos, culturales y sociopolíticos que han sido históricamente segregados del currículo oficial. Implica también enfrentar resistencias burocráticas y políticas que han privilegiado durante décadas modelos homogéneos de educación. Pero si algo representa el nombramiento de Nadia López García es la posibilidad de replantear esos modelos desde una perspectiva que reconoce la riqueza pluricultural del país y que pone en el centro del proyecto educativo no sólo la transmisión de conocimientos, sino la dignificación de las experiencias y lenguas de millones de estudiantes.
En este sentido, la nueva titular de la DGME asume no solo una responsabilidad técnica, sino un desafío político profundo: convertir los materiales educativos en instrumentos de reconocimiento y equidad, capaces de representar las múltiples voces que constituyen el México contemporáneo. Será, en los próximos meses y años, una de las pruebas más claras de cómo la SEP transita de discursos a prácticas verdaderamente transformadoras en la educación pública.