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Del consultorio a la nieve: Regina Martínez hace historia en los olímpicos de Invierno

Regina Martínez escribió este jueves una de las páginas más inolvidables del deporte mexicano. La médica de urgencias y esquiadora aficionada se convirtió en la primera mujer mexicana en competir en la prueba de cross country femenil de 10 kilómetros en unos Juegos Olímpicos de Invierno, un hecho sin precedentes en los 102 años de historia del certamen invernal y en los más de 200 de la nación mexicana
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En un gesto que trasciende el cronometraje y la estadística, Regina Martínez escribió este jueves una de las páginas más inolvidables del deporte mexicano. La médica de urgencias y esquiadora aficionada se convirtió en la primera mujer mexicana en competir en la prueba de cross country femenil de 10 kilómetros en unos Juegos Olímpicos de Invierno, un hecho sin precedentes en los 102 años de historia del certamen invernal y en los más de 200 de la nación mexicana.

La competencia tuvo lugar en el Estadio Tesero Cross-Country, en el corazón de los Alpes italianos, donde Martínez terminó la exigente prueba con un tiempo de 34:05:04 minutos que la ubicó en la posición 108 de la clasificación general, último entre quienes cruzaron la meta pero triunfadora en mucho más que en el resultado numérico.

Al concluir la carrera, en una de las imágenes más poderosas de la jornada, la mexicana fue recibida por varias de las medallistas olímpicas, que permanecieron en la línea de llegada para abrazarla y felicitarla por su logro histórico. La sueca Frida Karlsson, oro en la prueba, su compatriota Ebba Andersson y la estadounidense Jessie Diggins se acercaron para estrechar la mano de Martínez en un gesto que encapsula el espíritu olímpico: más allá de la competencia, el reconocimiento del esfuerzo humano.

El periplo que llevó a Martínez hasta esa línea de meta no fue sencillo. Originaria de la Ciudad de México, y residente en Estados Unidos, combinó su exigente labor como médico con interminables entrenamientos en nieve, financiados en buena parte con recursos propios y trabajos temporales, incluidos turnos extra y tareas como pasear perros para costear viajes a centros de entrenamiento en Europa y Norteamérica. La combinación de disciplina profesional y pasión deportiva la llevó a clasificar para la justa invernal tras años de esfuerzo y competencias internacionales, rompiendo barreras para una atleta de un país sin tradición ni infraestructura en deportes de nieve.

La participación de Martínez en Milano-Cortina 2026 no solo representa un hito estadístico para México, que hasta ahora había tenido apenas presencia masculina en el esquí de fondo olímpico, sino que se erige como un símbolo de perseverancia y de posibilidades ampliadas para generaciones futuras. Su ruta deportiva estuvo marcada por retos constantes: lejos de los centros de alto rendimiento tradicionales, sin apoyo institucional sólido y desafiando el propio entorno geográfico de un país tropical, consiguió no solo calificar sino completar una de las pruebas más demandantes del calendario olímpico.

“Es un honor y un privilegio poder tener esa voz, de poder compartir este mensaje de que hay que luchar por los sueños, soñar en grande, soñar en lo imposible,” dijo Martínez tras cruzar la meta, palabras que resuenan con fuerza para quienes ven en su historia una invitación a desafiar límites y expectativas.

En un contexto olímpico donde México encuentra su delegación más numerosa en la historia reciente de los Juegos de Invierno, con cinco atletas compitiendo en diversas disciplinas, la gesta de Regina Martínez se perfila como uno de los momentos más inspiradores de Milano-Cortina 2026. Hoy, más que un número en la tabla de resultados, ella simboliza la conquista de un sueño imposible para muchos, la legitimación de una presencia femenina mexicana en el esquí de fondo olímpico y la apertura de un nuevo capítulo para el deporte nacional.

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