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La Cineteca Nacional, al borde del colapso laboral; trabajadores convocan a paro mañana

La Cineteca Nacional se encuentra inmersa en una profunda crisis laboral que ha puesto en evidencia no solo la precariedad de las condiciones de trabajo, sino la incapacidad de las autoridades para resolver años de malas prácticas administrativas y contractuales, lo que ha llevado a un emplazamiento a paro para el día de mañana en las sedes de la Cineteca
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La emblemática Cineteca Nacional, símbolo cultural por excelencia en México, se encuentra inmersa en una profunda crisis laboral que ha puesto en evidencia no solo la precariedad de las condiciones de trabajo, sino la incapacidad de las autoridades para resolver años de malas prácticas administrativas y contractuales, lo que ha llevado a un emplazamiento a paro para el día de mañana en las sedes de la Cineteca. A través de testimonios, documentos internos y quejas formales sale a la luz un entramado de irregularidades que va desde la exigencia de falsificar firmas y datos para poder ser contratado hasta la ausencia de contratos vigentes para la mayoría de su plantilla laboral.

La historia de Tania, una joven de 22 años que buscaba su primer empleo, ilustra con crudeza este panorama, según una investigación de N+. Al intentar tramitar su contratación, recibió instrucciones de recursos humanos para llenar plantillas con datos no solo propios, sino también de supuestos «competidores» inventados con nombres, direcciones y firmas falsas. Los requerimientos incluso incluían cambiar tamaños de letra, interlineados y direcciones de correo en minúsculas, supuestamente para evadir revisiones administrativas. En algunos casos, trabajadores han llegado a consignar nombres de figuras públicas inexistentes en ese contexto, como el piloto de Fórmula 1 Sergio “Checo” Pérez, simplemente para cumplir con un requisito que no debería recaer en aspirantes a un empleo.

Este mecanismo —admitido en múltiples testimonios de empleados y extrabajadores bajo condición de anonimato— no surge por azar, sino por la misma estructura contractual de la institución. La Cineteca contrata a buena parte de su personal operativo bajo la figura de «prestadores de servicios profesionales», lo que permite evitar obligaciones patronales básicas como seguridad social, prestaciones de ley o reconocimientos de antigüedad. Así, aunque realizan funciones con horarios fijos, uniformes y cursos obligatorios, estas condiciones de subordinación se camuflan bajo un régimen que niega derechos laborales fundamentales.

La raíz formal de parte de estas irregularidades está en el artículo 30 del Reglamento de la Ley de Adquisiciones, que obliga a la institución a justificar la contratación de servicios que superen cierto monto mediante una «investigación de mercado» con al menos tres cotizaciones. Esta carga, que en otros contextos corresponde al área especializada, es trasladada a los aspirantes, muchos de ellos jóvenes sin experiencia, que se ven obligados a simular competencia entre proveedores inexistentes para cumplir con una formalidad que no debería aplicarse a procesos de personal.

El malestar laboral ha venido gestándose durante años y se ha intensificado con la apertura de nuevas sedes, como la Cineteca de las Artes y la sede en Chapultepec, cuyos requerimientos operativos no se tradujeron en nuevas contrataciones o en mejoras salariales. El conflicto estalló con fuerza a principios de febrero de 2026, cuando trabajadores adscritos al Fideicomiso para la Cineteca Nacional (FICINE) denunciaron que más del 70 % de la plantilla —equivalente a más de 240 personas de un total de aproximadamente 340— opera bajo el régimen de honorarios sin contratos formales, sin seguridad social y sin prestaciones básicas, constituyendo, según ellos, una «relación laboral ilegal» que vulnera sus derechos más elementales.

Las consecuencias no se limitaron a la precariedad contractual. En enero de 2026, muchos trabajadores recibieron pagos incompletos o únicamente quincenas y se encontraron laborando varios días sin un contrato vigente, lo que incrementa la incertidumbre jurídica y económica de sus familias. En respuesta, los trabajadores difundieron un comunicado con un pliego petitorio en el que exigen, entre otros puntos, la formalización de contratos de 40 horas semanales, prestaciones de ley, aumentos salariales y la incorporación de más personal. La convocatoria incluye un paro simbólico de actividades programado para el sábado 14 de febrero de 2026 en las sedes de Xoco, Chapultepec y la Cineteca de las Artes, con la probable afectación de proyecciones y servicios culturales para el público.

La administración de la Cineteca, por su parte, no ha negado completamente la existencia de problemas, aunque ha intentado matizar la gravedad de los mismos. En una reunión con trabajadores el 9 de febrero, la directora Marina Stavenhagen reconoció que la falta de contratos y pagos oportunos era un “problema que nos rebasa”, señalando que dichas dificultades estaban siendo tratadas con la Secretaría de Cultura y que dependían de autorizaciones presupuestales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para regularizar la situación. Aseguró que los pagos pendientes se liberarían ese mismo día o a más tardar el 13 de febrero de 2026 y que se buscaban acciones para mejorar salarios y cubrir vacantes indispensables, sin ofrecer una ruta clara para la estabilidad laboral exigida por los trabajadores.

Para quienes laboran en la Cineteca, la imagen de excelencia cultural que proyecta la institución contrasta con una realidad de agotamiento y desamparo. Muchos jóvenes, motivados por su pasión por el cine, ven truncado su entusiasmo ante jornadas extenuantes, traslados agotadores entre sedes y la sensación constante de que su trabajo no solo es subvalorado, sino administrativamente invisibilizado. Las demandas planteadas, que van desde la dignidad laboral hasta la transparencia y respeto a sus derechos, colocan a la Cineteca Nacional en una encrucijada que podría reconfigurar no sólo su estructura laboral, sino también el debate público sobre la precariedad en instituciones culturales que, paradójicamente, fueron diseñadas para enriquecer la vida social y artística del país.

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