El equinoccio de primavera de 2026 no solo marca el inicio de una nueva estación astronómica, sino que reactiva el milenario diálogo entre el sol y la arquitectura prehispánica. Desde el descenso de Kukulcán en Chichén Itzá hasta la energía colectiva en la Calzada de los Muertos de Teotihuacán, México se convierte en el epicentro mundial de la arqueoastronomía, recordándonos que para las culturas antiguas, el cielo era el calendario más preciso para la vida y la siembra.