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«Los que salieron fueron los que más daño le hicieron»: Silvia Urquidi cuestiona el documental de Juan Gabriel

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La empresaria Silvia Urquidi, quien aseguró haber estado cercana a Juan Gabriel (Alberto Aguilera Valadez) durante un importante periodo de su vida profesional, manifestó una crítica frontal al reciente documental de Netflix, titulado Juan Gabriel: Debo, puedo y quiero, al considerar que no refleja la historia que ella conoció ni respeta el legado del artista.

En declaraciones recogidas por la prensa especializada, Urquidi expresó su decepción por el enfoque del proyecto audiovisual, argumentando que “se quedó a deber, porque creo que hay cosas mucho más importantes que lo que salió”. Su desencanto se deriva, en gran medida, de que, según ella, los testimonios que se incluyeron en el documental provienen “de los que más daño le hicieron” al intérprete.

Urquidi relató que había sostenido expectativas altas al conocer que se revisaría material propio del artista: “Conozco muchos de esos videos, son más de 1,500. Yo participé… para ayudar a arreglarlos y darles forma”.   Sin embargo, añadió que observó con desazón la participación de personas que, en su opinión, “eran los que estaban en primer lugar del problema de la hacienda”, refiriéndose al entorno íntimo del cantante.

Asimismo, la empresaria apuntó de manera directa al hijo del compositor, Iván Aguilera, al señalar que fue él quien definió qué videos aparecían y cuáles quedaban fuera del montaje final: “Él dijo cuáles videos aparecían y cuáles no. Me queda claro quién está detrás de todo eso”.

Más allá de la crítica al documental, Urquidi aprovechó la coyuntura para anunciar que ha concluido la redacción de un libro en el que pretende relatar los nueve años que compartió con Juan Gabriel, supuestamente con información inédita que contribuirá, según ella, a “limpiar” tanto su nombre como el del artista. “El tiempo pone todo en su lugar”, afirmó con firmeza.

La postura de Urquidi abre varias aristas. Por un lado, plantea la clásica tensión entre cómo se recuerda un icono artístico y quién tiene derecho a narrar su historia. Por otro, su señalamiento contra el equipo de producción y los testimonios incluidos en el documental plantea preguntas sobre la editorial y la curaduría del legado de Juan Gabriel: ¿quién decide qué versiones se incluyen?, ¿qué papel juegan los familiares o cercanos en la construcción del relato público?, ¿y hasta qué punto un documental puede omitir voces críticas, legítimas o no?

El documental, lanzado en un contexto de renovado interés por la figura de Juan Gabriel, fue anunciado como una oportunidad para conocer facetas íntimas de su vida y obra. Pero la voz de Silvia Urquidi sirve como contrapunto: desde su visión, el relato queda incompleto, sesgado por la inclusión de personas a las que responsabiliza de agravar los conflictos del artista. Su crítica expone esa delicada línea entre homenaje, memoria colectiva y disputa de narrativas.

Para los espectadores que conocen la trayectoria de Juan Gabriel —un artista que transformó la música popular mexicana y llevó su voz más allá de fronteras— la acusación de quien afirma haber estado en los pasillos de su intimidad reviste peso: su denuncia no se limita a un mal gusto estético o una queja personal, sino a lo que considera un agravio al legado de alguien que, según ella, fue “muy adelantado”.

Habrá que observar si la editorial de su libro y las posibles respuestas de familiares o productores del documental alimentan un nuevo capítulo en la construcción del mito Juan Gabriel. En ese proceso, la voz de Silvia Urquidi funcionará como estímulo para repasar una pregunta inevitable: ¿quién guarda la verdad definitiva sobre una estrella tan compleja como irrepetible?

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La iniciativa está a cargo de la Secretaría de Cultura local y de la Comisión de Filmaciones de la Ciudad de México (CFILMA).

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