El abogado y empresario colombiano Abelardo de la Espriella cerró su primer discurso como presidente electo de Colombia con la frase “¡Que viva Cristo Rey!”, una expresión de fuerte contenido religioso que marcó el tono de una intervención en la que agradeció a Dios, llamó a la unidad nacional y reivindicó los valores conservadores que estuvieron presentes durante toda su campaña electoral. El mensaje fue pronunciado la noche del domingo en Barranquilla, después de que los resultados preliminares de la segunda vuelta presidencial lo colocaran como ganador de la contienda frente al candidato de izquierda Iván Cepeda.
La referencia religiosa no fue un hecho aislado. Durante su intervención pública, De la Espriella hizo constantes menciones a la fe cristiana y expresó gratitud a Dios por el resultado electoral. Diversos reportes de medios colombianos e internacionales señalaron que la dimensión religiosa ocupó un lugar central en su discurso de victoria, en el que también agradeció el respaldo de iglesias cristianas y de sectores conservadores que impulsaron su candidatura.
El triunfo de De la Espriella representa uno de los cambios políticos más significativos en Colombia de los últimos años. De acuerdo con los resultados preliminares, el candidato obtuvo alrededor de 49.66 por ciento de los votos y superó por un estrecho margen a Cepeda, en una elección altamente polarizada que puso fin al ciclo político encabezado por el presidente saliente, Gustavo Petro. Aunque el escrutinio definitivo continuaba en proceso, los principales medios colombianos y agencias internacionales lo reconocieron como presidente electo tras el preconteo oficial.
🔴 "¡Que viva Cristo Rey!", es como Abelardo de la Espriella cierra su primer discurso como presidente electo de Colombia. pic.twitter.com/Wwi0iXVcPA
— LuisCardenasMX (@LuisCardenasMx) June 22, 2026
En su mensaje, el mandatario electo afirmó que iniciará una nueva etapa para Colombia y sostuvo que gobernará para todos los ciudadanos, incluidos quienes no votaron por él. También pidió respeto por las instituciones democráticas y rechazó cualquier intento de desconocer el resultado electoral. Su discurso buscó combinar un mensaje de conciliación con las propuestas de mano dura que caracterizaron su campaña.
Abelardo Gabriel de la Espriella Otero nació en Bogotá el 31 de julio de 1978 y construyó su carrera pública como abogado penalista. Estudió Derecho en la Universidad Sergio Arboleda y fundó la firma De La Espriella Lawyers Enterprise, desde la cual participó en numerosos casos de alto perfil que le dieron notoriedad nacional. Antes de llegar a la política, se convirtió en una figura ampliamente conocida en medios de comunicación y redes sociales por sus posiciones conservadoras y sus opiniones sobre seguridad, justicia y política nacional.
A lo largo de su trayectoria profesional representó a personajes involucrados en procesos judiciales de gran repercusión pública, lo que contribuyó tanto a su popularidad como a la controversia que ha rodeado su carrera. En los últimos años evolucionó de abogado mediático a líder político, impulsando el movimiento Defensores de la Patria, una organización de corte nacionalista y conservador con la que buscó capitalizar el descontento de sectores que reclamaban una política más severa frente a la delincuencia y una reducción del tamaño del Estado.

Su campaña presidencial estuvo centrada en propuestas relacionadas con el fortalecimiento de la seguridad, la reducción del gasto público, el impulso a la inversión privada y la defensa de valores tradicionales. Asimismo, mantuvo una narrativa crítica hacia la izquierda latinoamericana y mostró afinidad con dirigentes y movimientos de derecha en la región y en Estados Unidos. Diversos analistas compararon algunos aspectos de su discurso con el de líderes como Nayib Bukele y Donald Trump, referencias que el propio político nunca rechazó públicamente.
La victoria de De la Espriella marca además un hecho inédito en la política colombiana reciente: alcanza la Presidencia sin haber ocupado previamente cargos de elección popular ni haber desempeñado funciones dentro del aparato estatal. Su ascenso estuvo impulsado por una campaña construida alrededor de su figura personal, de un discurso antisistema y de una fuerte presencia en plataformas digitales.
Con el cierre de su discurso mediante el grito “¡Que viva Cristo Rey!”, Abelardo de la Espriella dejó clara la importancia que la religión y los valores conservadores tendrán dentro de la narrativa política de su próximo gobierno. La frase, históricamente asociada a movimientos católicos que reivindican el papel de la fe en la vida pública, se convirtió en uno de los momentos más comentados de la noche electoral y en una señal de la identidad ideológica con la que iniciará su mandato.