El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó este lunes que su gobierno posee información “precisa” sobre los capos del narcotráfico en México, incluyendo las direcciones de sus residencias y hasta cómo son las puertas de sus casas. Con esas palabras, elevó una vez más la tensión entre ambos países ando precisamente sobre uno de los temas más espinosos: el flujo de drogas hacia territorio estadounidense.
Durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, Trump no solo enfatizó que su inteligencia “sabe todo de cada uno de ellos”, sino que dejó entrever su disposición a atacar directamente a estos grupos criminales. “¿Que si lanzaría ataques en México para detener las drogas? Estaría orgulloso de hacerlo”, dijo. Aunque aclaró que no estaba anunciando una operación inminente, su declaración subraya un cambio de tono: ya no basta con el combate fronterizo o marítimo, su gobierno evalúa opciones más audaces e intrusivas.
El mandatario justificó su postura en el alto número de muertes por sobredosis que su país ha sufrido, aludiendo a “cientos de miles” de vidas perdidas por culpa del narcotráfico. Esa tragedia, según él, está estrechamente vinculada con lo que ocurre al sur de la frontera: “la mayoría [de las drogas] vienen de México”, aseguró. Para Trump, la guerra contra los carteles no es solo un asunto de seguridad nacional, sino una crisis humanitaria que exige medidas drásticas.
También se refirió a los acontecimientos del fin de semana en CDMX. El mandatario exclamó: “Vi CDMX el fin de semana. Hay problemas muy serios allá”.
Este discurso se enmarca en una política más amplia. Estados Unidos ha intensificado sus operaciones marítimas para interceptar embarcaciones sospechosas en el Caribe y el Pacífico, bajo la bandera de la lucha contra el narcotráfico. Trump señaló que esos ataques han logrado reducir hasta en un 85 % el tráfico por vía marítima, aunque reconoció con ironía que desconoce el origen del 15 % restante: “No sé de dónde viene ese porcentaje”, dijo.
Al mismo tiempo, su tesis va más allá de la mera persecución del crimen organizado: ha calificado a algunos carteles mexicanos como organizaciones terroristas. En febrero pasado, su administración designó formalmente a seis grupos criminales, entre ellos el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, como “terroristas extranjeros”, una definición que abre la puerta a sanciones más severas y justifican potenciales operaciones militares internacionales.
La polémica no es nueva. Trump ha sostenido en otras ocasiones que “México está gobernado en gran medida por los cárteles”, argumento que refuerza con la amenaza de intervenciones. Pero sus palabras no han sido bien recibidas desde la esfera diplomática mexicana, donde el respeto a la soberanía nacional se ha convertido en un punto de rechazo categórico.
En contraste, el discurso oficial de México, representado por su presidenta, Claudia Sheinbaum, se ha mantenido firme al rechazar cualquier operación militar estadounidense dentro de su territorio. Las declaraciones de Trump llegan en un momento de alta sensibilidad política, justo cuando su administración promueve la “Operación Lanza del Sur”, una campaña regional cuya extensión y objetivos exactos aún no están completamente claros.
En resumen, Trump está tirando las cartas sobre la mesa: no solo acusa a México de fallar en el combate contra el narcotráfico, sino que plantea usar toda la fuerza que su país considere necesaria —con conocimiento detallado, inteligencia precisa y, si así lo decide, acciones letales— para frenar el flujo de drogas que, según él, está matando a su población. La pregunta que queda flotando es si estas declaraciones son solo una jugada política de campaña o si representan un cambio real en la estrategia estadounidense hacia su vecino del sur, o si hay intercambio de información entre ambos países para la detención de capos de la droga o si el Estado mexicano ha decidido no actuar.