En medio del creciente debate nacional sobre las manifestaciones y bloqueos que han marcado las últimas semanas, el periodista Joaquín López-Dóriga lanzó una dura crítica tanto al gobierno federal como a los partidos de oposición, cuestionando la lectura política que se ha hecho sobre las movilizaciones y poniendo en entredicho la fuerza real de los institutos opositores en México.
Durante una intervención pública, López-Dóriga rechazó la idea de que los bloqueos recientes estén plenamente articulados por la oposición partidista y recordó que el propio presidente Andrés Manuel López Obrador recurrió a estas tácticas en distintos momentos de su carrera política. Señaló que los cuestionamientos de Morena hacia los manifestantes ignoraban la historia reciente del movimiento lopezobradorista y la legitimidad que en su momento reivindicó para acciones similares. Recordó, por ejemplo, las protestas postelectorales de 2006 que abarcaron zonas estratégicas de la capital, desde el Zócalo hasta el Auditorio Nacional, y las movilizaciones en los pozos petroleros de Tabasco en décadas anteriores.
El periodista insistió en que existe un doble rasero en el discurso gubernamental: cuando las protestas provienen de Morena, se consideran expresiones de democracia; cuando son impulsadas por otros sectores, se descalifican como maniobras políticas. Subrayó que su postura no implicaba un respaldo a los bloqueos, sino un llamado a analizar las motivaciones políticas de quienes hoy critican acciones que antes defendieron. Afirmó que la presidenta otorga un peso desproporcionado a la oposición al atribuirle la capacidad de organizar paros o marchas de gran escala, capacidad que –a su juicio– no posee en la actualidad.
Para López-Dóriga, el debate sobre los responsables de los bloqueos revela otro problema: la debilidad estructural de los partidos opositores. En su diagnóstico, el PRI carece de relevancia política, el PAN vive una crisis de identidad y el PRD desapareció del escenario electoral tras la pérdida de su registro. “La oposición partidista en México no existe”, sentenció, al calificarla como “lo más cercano a un cero” en el panorama político actual.
En contraste, sostuvo que la única fuerza capaz de movilizar marchas masivas sigue siendo Morena, dada su estructura territorial, recursos y bases sociales. Adelantó que esa capacidad será visible nuevamente en la concentración convocada para el próximo 6 de diciembre en el Zócalo capitalino, donde –pronosticó– el oficialismo demostrará nuevamente su músculo organizativo frente a una oposición debilitada e incapaz de replicar eventos similares.
Las declaraciones de López-Dóriga se insertan en un entorno político cada vez más polarizado, donde la disputa por la narrativa pública juega un papel central. Sus críticas buscan llamar la atención sobre la brecha creciente entre el discurso oficial y la realidad organizativa de los actores políticos, pero también evidencian la crisis profunda que atraviesan los partidos opositores en un país que se encamina hacia nuevos procesos electorales con un mapa político radicalmente reconfigurado.