Cuando el cuerpo humano se expone a frío extremo, activa mecanismos automáticos para conservar el calor y proteger órganos vitales como el corazón y el cerebro. Uno de los primeros efectos es la vasoconstricción, que reduce el flujo sanguíneo hacia la piel y extremidades, provocando manos y pies fríos, entumecimiento y cambio de color en la piel.
Otra respuesta inmediata son los escalofríos, movimientos involuntarios que generan calor muscular. Sin embargo, si la exposición se prolonga, el cuerpo puede perder su capacidad de regular la temperatura, dando paso a la hipotermia, una condición peligrosa que ocurre cuando la temperatura corporal baja de los 35 °C y puede causar confusión, lentitud mental, pérdida de coordinación e incluso fallas cardíacas.
El frío intenso también impacta el sistema respiratorio, ya que el aire frío puede irritar las vías respiratorias y agravar padecimientos como asma o bronquitis. Además, estudios señalan que las bajas temperaturas pueden debilitar el sistema inmunológico, facilitando infecciones como gripe y resfriados, y aumentar el riesgo de eventos cardiovasculares, especialmente en personas con hipertensión o enfermedades del corazón.
Sugerencias para proteger el cuerpo ante el frío
Especialistas recomiendan:
- Vestirse en capas, priorizando ropa térmica y materiales que conserven el calor.
- Proteger extremidades (manos, pies, cabeza y cuello), ya que son las zonas donde más calor se pierde.
- Consumir bebidas calientes y mantener una alimentación adecuada para generar energía corporal.
- Evitar cambios bruscos de temperatura, como salir al frío inmediatamente después de bañarse.
- Permanecer en lugares cerrados y bien ventilados durante las horas más frías del día.
- Prestar especial atención a niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas, quienes son más vulnerables.

Ante síntomas como temblores intensos, somnolencia, confusión o dificultad para hablar, se recomienda buscar atención médica inmediata, ya que pueden ser señales de hipotermia.