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La 4T, entre el orgullo soberano y la creciente inquietud ante las presiones de Trump

The Wall Street Journal detalla que, más allá de las diferencias diplomáticas tradicionales, funcionarios de alto nivel dentro del gobierno mexicano han expresado una “creciente alarma” ante lo que perciben como exigencias cada vez más difíciles de sostener por parte de la administración del presidente Donald Trump, particularmente tras la reciente destitución del mandatario venezolano Nicolás Maduro y en el contexto de la escalada de violencia de los cárteles de la droga
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Las relaciones entre México y Estados Unidos atraviesan uno de sus momentos más delicados en décadas, marcado por una mezcla explosiva de seguridad, soberanía y política interna, según revela una investigación del influyente diario The Wall Street Journal. El medio neoyorquino detalla que, más allá de las diferencias diplomáticas tradicionales, funcionarios de alto nivel dentro del gobierno mexicano han expresado una “creciente alarma” ante lo que perciben como exigencias cada vez más difíciles de sostener por parte de la administración del presidente Donald Trump, particularmente tras la reciente destitución del mandatario venezolano Nicolás Maduro y en el contexto de la escalada de violencia de los cárteles de la droga.

La tensión quedó de manifiesto en la llamada telefónica del pasado lunes entre la presidenta Claudia Sheinbaum y Trump, que fue descrita por la portavoz de la Casa Blanca, Anna Kelly, como una “excelente conversación” centrada en la lucha contra lo que Washington denomina “narcoterrorismo”, un flagelo que, según la funcionaria estadounidense, destruye comunidades enteras en ambos lados de la frontera. Sin embargo, las fuentes consultadas por The Wall Street Journal señalan que en reuniones privadas sostenidas desde la caída de Maduro, funcionarios mexicanos debatieron la posibilidad de que Trump pudiese ir más allá de solicitudes razonables de cooperación, explorando incluso exigencias como el arresto de políticos mexicanos —incluidos algunos de Morena— que, según inteligencia estadounidense, mantendrían vínculos con organizaciones criminales.

Hasta ahora, no existen indicios claros de que Washington esté preparando una intervención militar unilateral en territorio mexicano, en parte gracias a los estrechos vínculos entre las fuerzas de seguridad de ambos países. La cooperación bilateral sigue activa, especialmente en temas de intercambio de información y coordinación operativa, señalaron las mismas fuentes. No obstante, la sola posibilidad de que la Casa Blanca amplíe sus exigencias ha generado preocupación en los círculos de seguridad mexicanos, que ven un estrecho equilibrio entre mantener una relación funcional con Estados Unidos y preservar la soberanía nacional. En ese sentido, la presidenta Sheinbaum ha sido enfática: México no aceptará presencia militar estadounidense en su territorio, aunque se muestra abierto a la colaboración coordinada y respetuosa con las leyes nacionales.

La administración de Sheinbaum ha trabajado por posicionarse como interlocutora creíble ante Trump, rechazando abiertamente propuestas que consideren injerencistas —como la designación de los cárteles como organizaciones terroristas sin un marco jurídico claro para México— y priorizando el diálogo coordinado frente a decisiones unilaterales. En sus conferencias matutinas, la mandataria ha subrayado que combatir a los grupos delictivos exige colaboración estrecha y coordinación conjunta, no acciones que puedan vulnerar la soberanía mexicana o alimentar discursos de subordinación a intereses foráneos.

Este escenario complejiza aún más la posición de Sheinbaum al interior de su propio partido y coalición política. Fuentes citadas por el Wall Street Journal advierten que la presidenta se encontraría “atrapada entre dos hombres poderosos con grandes egos”: por un lado Trump, con sus presiones y demandas, y por otro el expresidente Andrés Manuel López Obrador, cuya postura nacionalista y rechazo a la intervención exterior marca la línea política de gran parte de Morena. El equilibrio es frágil: mover ficha en uno u otro sentido podría socavar su posición política interna, especialmente frente a sectores nacionalistas que rechazan cualquier percepción de subordinación ante Washington.

Mientras tanto, en el terreno de la seguridad, los cárteles mexicanos continúan desafiando al Estado con incursiones audaces, uso de tecnología no convencional y actos violentos que no solo han convertido a vastas zonas del país en escenarios de conflicto permanente, sino que también representan una presión adicional sobre la relación bilateral. Si bien el gobierno de México ha obtenido avances en detenciones, decomisos y acciones contra estructuras criminales, la posibilidad de que Estados Unidos eleve sus exigencias, incluso hacia objetivos políticos internos, mantiene encendida la discusión sobre hasta dónde puede ceder la 4T sin poner en riesgo su propia cohesión y la soberanía nacional.

Así, las tensiones entre México y Estados Unidos en materia de seguridad y política exterior no solo reflejan diferencias de enfoque sobre cómo combatir a los cárteles, sino también una profunda negociación geopolítica en la que la 4T busca mantener firme su narrativa soberanista frente a lo que percibe como presiones crecientes desde el norte. La forma en que este equilibrio se maneje en los próximos meses podría definir no solo la política interna de México, sino también el rumbo de una de las relaciones bilaterales más complejas y críticas del hemisferio.

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