Opinión por: Luis Felipe García Chávez
Alternativa para la (in)seguridad
“La crisis de seguridad ha llevado a proponer una estrategia integral. Se trata de un planteamiento equivocado: una misma solución no funciona para todo el país”
Alejandro Hope especialista en temas de política y seguridad.
En los últimos meses se ha dado un debate en medios nacionales y locales, sobre la baja en algunos delitos y los datos de percepción de inseguridad; desde mi punto de vista esta polémica es estéril por dos factores, entre otros: La percepción de inseguridad es una mezcla entre la incidencia real delictiva y el sentimiento de vulnerabilidad provocado por el entorno, y porque en seguridad pública no hay victorias decisivas a partir de estadísticas.
La inseguridad es uno de los temas que más nos preocupa, ya que según la empresa francesa IPSOS, el 32% de los mexicanos considera que la delincuencia e inseguridad son el mayor problema en México, por encima de la corrupción (16%) y bajos salarios (12%); además, la mayoría piensa que la inseguridad va en aumento.
Si estos datos sobre la seguridad pública son correctos, entonces la apuesta debería ser aumentar, transparentar y hacer eficiente el presupuesto en ese rubro, proporcionalmente sobre la medida de la preocupación ciudadana y no por las soluciones marcadas desde la federación como estrategia nacional geométricamente implementadas para atender este fenómeno.
La alternativa tiene que pasar más bien por las soluciones concretas a problemas específicos, construidas desde lo local, dejando ya en el pasado el ensayo y error.
Esto no quiere decir, por supuesto, que los gobiernos no tengan o no deban tener una cierta visión de lo que deben hacer en materia de seguridad pública. De hecho, la elaboración y publicación de los planes nacionales de desarrollo y los programas nacionales y sectoriales, implican, en teoría, establecer un marco de referencia.
Pero estos planes y programas, por su propia naturaleza, permanecen estáticos, mientras que los problemas tienen la tendencia de evolucionar.
Esto quiere decir en palabras profanas que el manual debe tener una constante, pero el plan puede adecuarse a las circunstancias siempre bajo indicadores técnicos, científicos y ágiles que permitan a los gobiernos locales implementar con sus propias características las medidas que le permitan acortar esa brecha entre la baja en los índices (que todos agradecemos) pero que al ciudadano de a pie no le cuadran en su percepción negativa sobre el particular.
La seguridad, así como la justicia y el orden son una meta y anhelo de los ciudadanos, pero pareciera que nos han hecho creer que es imposible alcanzar la paz y la tranquilidad.
Por eso, una alternativa seria y consistente para hacer realidad ese nuevo modelo, es empezar por escuchar primero a nuestro recurso humano que son los elementos policiales, cumplir una histórica deuda que solo ha quedado en el discurso, para -pasando a los hechos- darles las condiciones de salario, prestaciones de casa y seguro de vida que protejan su patrimonio y familia, fijar ante la sociedad lo que valen para su gobierno en sus tres niveles y una preparación profesional, para en esa medida exigirles y en su caso ser estrictos y aplicar todo el peso de la ley para generar que la corrupción, la impunidad y la opacidad disminuyan en su gremio.
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