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Vale la pena imaginar cómo podría cambiar la vida diaria si un gobierno local adoptara las bases que Movimiento Ciudadano ha impulsado en distintos espacios: transparencia, participación ciudadana e innovación. No se trata de hacer promesas, sino de explorar posibilidades reales.
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Opinión Por: Luis Felipe GarcÍa Chávez

El estado naranja

El Estado de México arrastra desde hace años una mezcla de problemas que todos reconocemos: ciudades que crecieron más rápido de lo que se pudieron organizar, movilidad complicada, transporte saturado, inseguridad que modifica rutinas, servicios públicos que a veces no alcanzan, trámites que cansan y enormes diferencias entre colonias y municipios. Es un estado lleno de gente trabajadora y con talento, pero también con pendientes que ya no se pueden seguir pateando hacia delante.

Desde ahí vale la pena imaginar cómo podría cambiar la vida diaria si un gobierno local adoptara las bases que Movimiento Ciudadano ha impulsado en distintos espacios: transparencia, participación ciudadana e innovación. No se trata de hacer promesas, sino de explorar posibilidades reales.

Para empezar, está la forma de gobernar. Si se aplicaran modelos más abiertos y digitales, la gente podría hacer trámites sin tanta vuelta, tener claridad sobre cómo se gastan los recursos y entender mejor por qué se toman ciertas decisiones. Algo tan simple como reducir tiempos y eliminar pasos innecesarios ya mejora la experiencia del ciudadano y baja la frustración.

Luego, lo que más afecta todos los días: la movilidad y el orden urbano. El Estado ha crecido tanto que no siempre alcanza la infraestructura. Dar prioridad a una planeación, movilidad eficiente y cuidado de los espacios públicos ayudaría a que las ciudades sean más caminables, más seguras y cómodas para vivir y circular.

La seguridad es un punto obligado. Las ideas basadas en prevención, policías de proximidad, programas comunitarios y tecnología con reglas claras ofrecen una ruta distinta al modelo reactivo. Tal vez no resuelvan todo, pero sí pueden hacer diferencia en los delitos que más afectan la vida diaria.

La participación ciudadana es otro eje importante. La idea de que la comunidad tenga voz real en qué obras se hacen, cómo se priorizan los recursos y cómo avanza cada proyecto puede equilibrar las enormes diferencias entre zonas del estado. Cuando las decisiones se toman con la gente y no lejos de ella, las obras suelen tener más sentido.

Por último, está el tema de las oportunidades económicas. Impulsar el emprendimiento, ayudar a modernizar pequeños negocios, apostar por la economía creativa y ofrecer capacitación en habilidades útiles podría abrir nuevos caminos para jóvenes, mujeres y personas que buscan crecer sin salir de su comunidad.

Nada de esto ocurre por arte de magia, pero sí marca una dirección posible. Si un gobierno en el Estado de México adoptara ideas centradas en transparencia, ciudadanía e innovación, muchos aspectos de la vida diaria podrían empezar a caminar hacia algo más sencillo, más ordenado y más cercano a lo que la gente lleva años esperando.

Y si no, que digan lo contrario.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Enboga.

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