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El viejo PRI toca la puerta de Juárez con camisa naranja

Cambiar de color no cambia la historia. No borra los contratos otorgados a amigos. No borra las omisiones en seguridad. No borra el abandono de colonias enteras. No borra el uso electoral de la pobreza ni el desprecio por Juárez como ciudad fronteriza. El pasado no se limpia con discursos nuevos ni con fotos en redes sociales. Pero el problema no termina ahí. El verdadero riesgo está en permitirles entrar. En abrirles espacios “por estrategia”, “por estructura” o “por sumar”
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Opinión Por: Mario Arturo Pico

El viejo PRI toca la puerta de Juárez con camisa naranja

En Ciudad Juárez no estamos ante una coincidencia política, estamos ante una invasión calculada. Los mismos personajes que durante años militaron, vivieron y se beneficiaron del PRI hoy intentan colarse en proyectos que nacieron para combatir justamente lo que ellos representan. No es evolución política, es oportunismo puro. Es el viejo régimen tocando la puerta con otra camisa.

Basta caminar por colonias como Anapra, Riberas del Bravo, Felipe Ángeles, Aztecas o Zaragoza para entender el nivel de cinismo. Ahí donde antes no regresaron como funcionarios, hoy aparecen como “gestores”, “activistas” o “ciudadanos comprometidos”. Los mismos que cuando tuvieron poder abandonaron a Juárez, hoy se presentan como si fueran la esperanza del cambio.

No hay engaño más burdo que el del priista reciclado. Hablan de participación ciudadana, de gobiernos cercanos y de nuevas formas de hacer política, cuando fueron parte de un sistema que gobernó desde la soberbia, la corrupción y el desprecio por la gente. Guardaron silencio cuando la ciudad se caía a pedazos. Levantaron la mano cuando se aprobaban abusos. Hoy quieren que se les aplauda por “haber cambiado”.

Cambiar de color no cambia la historia. No borra los contratos otorgados a amigos. No borra las omisiones en seguridad. No borra el abandono de colonias enteras. No borra el uso electoral de la pobreza ni el desprecio por Juárez como ciudad fronteriza. El pasado no se limpia con discursos nuevos ni con fotos en redes sociales.

Pero el problema no termina ahí. El verdadero riesgo está en permitirles entrar. En abrirles espacios “por estrategia”, “por estructura” o “por sumar”. Porque cuando los reciclados toman control de lo nuevo, lo nuevo se pudre. Los proyectos ciudadanos no mueren por ataques externos, mueren cuando se contaminan desde dentro.

Juárez no necesita más operadores políticos de escritorio. No necesita expertos en sobrevivir sexenio tras sexenio. Necesita liderazgos con congruencia, con calle, con memoria y con dignidad. La ciudad ya está harta de que la usen como trampolín electoral y luego la abandonen.

El 2027 será el año en que muchos priistas renegados se presenten como conversos de última hora. Dirán que ahora sí creen en la ciudadanía, que ahora sí están del lado de la gente, que ahora sí entienden a Juárez. Mentira. Lo único que entienden es que su antiguo partido ya no les garantiza poder.

La pregunta no es si lo van a intentar. La pregunta es si Juárez va a repetir la historia. Porque esta frontera ya aprendió a reconocer al impostor, al reciclado y al oportunista.

Aquí no se necesita maquillaje político. Se necesita carácter. Y en Juárez, el carácter se demuestra con hechos, no con camisetas nuevas.

* Las declaraciones y opiniones expresadas en este artículo son de exclusiva responsabilidad de quien las escribe y firma, y no representan el punto de vista de Enboga.

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