Opinión por: Luis Felipe García Chávez
Toluca y su primera presidenta con “A”
“Si una mujer entra a la política, cambia la mujer, si muchas mujeres entran a la política, cambia la política”. Michelle Bachelet
Hoy lunes que se publica este artículo, Toluca se detiene para rendir un merecido homenaje a Yolanda Sentíes Echeverría, la primera mujer electa como Presidenta Municipal de nuestra ciudad. Un acto que no solo reconoce su trayectoria, sino que nos invita a reflexionar sobre el significado profundo de que una mujer llegara al gobierno de la capital de nuestro Estado.
En 1975, cuando fue electa para gobernar Toluca, su llegada significó más que un triunfo personal: fue un acto disruptivo en un contexto político y social profundamente patriarcal, donde pocas voces femeninas alcanzaban cargos públicos de relevancia.
Su elección rompió barreras, abrió espacios y ofreció una alternativa de liderazgo que no se limitó al color partidista, sino que trazó una nueva narrativa para mujeres interesadas en ámbitos distintos a los espacios tradicionales que la época les permitía.

“Doña Yolanda”, como le llaman quienes la conocen, no solo fue alcaldesa; es ejemplo de capacidad, preparación y visión de Estado. Su formación como licenciada en Química Farmacéutica y en Derecho, junto con su ejercicio profesional, le dio herramientas para ejercer la política con un enfoque avanzado para su tiempo, riguroso y comprometido, como suelen hacerlo las mujeres con carácter.
Este homenaje no ocurre en abstracto. Sucede en un México donde -sin menospreciar los avances actuales- a veces parece que la inclusión de las mujeres fuera un logro reciente.
Conviene recordar que, en la política, la participación femenina establecida legalmente ha marcado diferencias reales en la toma de decisiones y en la sensibilidad con la que se aplican las políticas públicas.
Toluca camina entre ese pasado que Doña Yolanda ayudó a construir y un presente que aún debate qué significan la inclusión real, la paridad y la justicia de género. Esa tensión le da sentido a este reconocimiento: no es un acto simbólico, es un recordatorio de que la alternativa y el cambio siempre son posibles.

También lo es en una ciudad que enfrenta retos contemporáneos como la reconstrucción del tejido social, el impulso económico y la urgencia de responder con audacia a los desafíos culturales y sociales. El ejemplo de esta mujer honorable, su decisión de competir, de ganar y de servir, nos obliga a preguntarnos: ¿Por qué no hemos avanzado como deberíamos? ¿Cuánto falta por transformar? ¿Qué nos impide hoy honrar su legado con acciones que superen el simbolismo que ella misma causó en su época?
En tiempos en que aún se debate la presencia de las mujeres en la política, lo cual no debe verse como una concesión, sino como un imperativo democrático y cultural, ES NECESARIO recordar que ella es el ejemplo viviente de esa transformación política y cultural que camina desde hace más de 15 trienios.
Este homenaje es, más que un cierre de ciclo, un punto de partida. Un llamado a reconocer que las barreras que ella cruzó -y que tantas otras mujeres han seguido cruzando- son parte de la historia viva de Toluca. Y que esa historia se construye día a día, con memoria, con consciencia y, sobre todo, con compromiso.
¡FELICIDADES DOÑA YOLANDA!!!!
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