El doomscrolling —el consumo obsesivo de noticias negativas en pantallas— no es solo una mala costumbre. Nació como un término de internet en 2018, explotó durante la pandemia y hoy se reconoce como un patrón respaldado por la psicología evolutiva y el diseño de las plataformas. Estudios y organismos de salud advierten de sus efectos en ansiedad, sueño y bienestar. Aquí, una radiografía verificada del fenómeno y las herramientas reales para frenarlo sin desconectarse del mundo.